dissabte, 15 d’abril de 2017

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Había olvidado por completo estas tardes de sábado o domingo al ralentí. En muchas de esas tardes acababa escuchando a Los Planetas para saborear toda la mierda emocional derivada de la noche anterior. Hoy no. Hoy entraba mejor Sonic Youth. Hay cosas que no han cambiado tanto desde entonces. El sabor agridulce de las decepciones, provocadas por expectativas demasiado altas. Todos sabemos perfectamente que la vida es mejor sin expectativas, pero es inevitable caer en ellas. Supongo que por la eterna insatisfacción de un mundo que te empuja a que aspires a máximos, cuando eso es casi imposible. Todos tenemos que ser el mejor, el más guapo, el más rico, el más inteligente, el más exitoso, el más seductor... y todos esos conceptos absurdos del capitalismo más agresivo. Todos tenemos que ser felices, como si sólo la felicidad formara parte de la naturaleza humana y tuviera que imponerse de manera despótica sobre todas las otras emociones. Como si la tristeza fuera algo malo que hubiera que desterrar. Lo natural no se lleva, mejor humillarlo o denostarlo. Y si no eres feliz, al menos hazlo ver en tu muro o en tu Timeline. Hace un rato estaba mirando el mío, y daba asco. Todo ese exhibicionismo gratuíto, y esa especie de competición por ver quién es el que tiene una vida más excitante y envidiable. He pensado en empezar a ejecutar una tarea pendiente desde hace tiempo, como es empezar a borrar 'amistades' superfluas de mis redes sociales. De hecho, más de una vez he pensado en eliminar directamente mi perfil, pero lo cierto es que me resulta útil por temas profesionales. Y también me gusta compartir música o vómitos sobre lo mucho que no me gusta de todo lo que me rodea. Me gusta ser desagradable en las redes, recordar cosas malas o apuntar a las cosas miserables del ser humano para equilibrar tanto exceso de azúcar. Me consta que por eso hay gente que me empieza a ver como un ogro o un pitufo gruñón, pero esa es una buena manera también de hacer la criba entre la gente que te juzga de una manera superficial y la que realmente te conoce o se interesa por hacerlo en más profundidad. Me gusta la gente que piensa o se cuestiona las cosas.

Por ahora he empezado con otra tarea pendiente: hacer limpieza en mi ordenador para intentar conseguir que no vaya tan terriblemente mal. Esta semana actualicé el sistema operativo. Se ve que el que tenía era de 2009, que es cuando me compré este portátil. De momento he hecho un paso intermedio, y ahora debería poder actualizarme a otro sistema operativo todavía más reciente, pero el otro día probé y no me dejaba. Odio la informática con todas mis fuerzas. Todo son problemas, incompatibilidades, e información que se acaba perdiendo, y nos provoca traumas. Ahora parece que la vida que no tienes en fotos, videos o, nuevamente, que está reflejada en redes sociales, ya no existe. Es como antes pasaba con la TV: la verdad era lo que se veía y se decía en la TV. O en Google: si no está en Google, no existe. Yo hace tiempo que no cuelgo fotos de vacaciones, ni cenas, ni salidas, ni nada que tenga que ver con mi vida privada. Mi vida privada es mía y de la gente con quien la comparto. Y no va en el escaparate. Pasa dentro, donde sólo tienen accesos unos pocos. Y se la explico a quien yo elijo. O aquí, de manera anónima y desligada a una identidad y todos los prejuicios que comporta. Me cansa tanto la gente. Me cansa tanto la estupidez. Me cansa tanto este mundo. Yo mismo me canso muchas veces. Y que todo acabe saliendo mal. O distinto a como yo quería. Las putas expectativas, otra vez. Algún día aprenderé a no esperar nada de nada ni de nadie. Algún día...