dilluns, 1 de juny de 2015

aLegRe tRiSTeZa pRiMaVeRaL




Cada año, al llegar el día en que ya ha pasado todo, tengo la misma sensación contradictoria: una enorme alegría por lo vivido; una enorme tristeza por lo que se queda atrás, y ese vacío intercostillar que te deja perdido, descolocado. Te vienen flashes mentales en modo metralleta: imágenes, caras nuevas y las de siempre, sonidos, momentos, canciones, anécdotas, encuentros casuales, y una terrible y agridulce voz interior que te dice que sí, que fue bonito mientras duró, pero que las puertas del paraíso se han cerrado y que ya te puedes largar y volver de una puta vez a la realidad de mierda. Ahí ya no habrá guiris de ojos bonitos que te mirarán y sonreirán seductoras y coquetas cuando acabe de tocar Tori Amos; ni guiris barbudos que te regalarán una entrada en la puerta de los Vaselines sin conocerte de nada; ni bailes con desconocidos que te aceptarán como a un amigo sólo por ser amigo de sus amigos; ni conversaciones espontáneas y amigables con un chico que pasa por allí con una camiseta de fútbol alternativa de recuerdo reciente. Nuestro abono de alquiler de felicidad ya ha caducado, y acaba con esa preciosa salida de sol, imponente, que parece surgir del mar como si hubiera estado durmiendo en el fondo del Mediterráneo mientras bailábamos. Y te queda la misma sensación que cuando un bonito cuerpo desnudo abandona tu cama, se viste, y se va por la puerta para no volver. Sigues con el chute de lo recién vivido, pero empiezas a experimentar el bajón de la vuelta a la tierra. Y ni siquiera el empacho de canciones y kilómetros consiguen derrotar esa frustración (el año que viene quiero ponerme un cacharrito de esos que cuentan los kilómetros que haces a cada paso que das, porqué estoy seguro de que no debe faltar mucho para cubrir una maratón real). De hecho, intentas autoengañarte prolongando artificialmente las sensaciones vividas, poniéndote los vídeos de conciertos vividos o perdidos por culpa de esas malditas coincidencias horarias en la bacanal sonora. Y cuando acabas, te pones más vídeos de conciertos para acabar de redondear el dibujo incompleto limitado por tu carencia del don de la ubicuidad. Y es curioso, porqué este año ha pasado más rápido que nunca, y lo has aguantado mejor que en citas anteriores, y ayer hubieras podido seguir incluso más rato, a pesar de que DJ Coco hizo una sesión final sorprendentemente de mierda. Y para colmo, se me acabó la batería, en plena batería de mensajes enviados y otros que se quedaron en el intento o en la duda: enviar? no enviar? enviar? no enviar? El irresistible encanto de las suaves noches primaverales, que han hecho olvidar las hipotérmicas jornadas de los últimos años. Y me sigue sorprendiendo que haya gente de diSoRdErland que me diga que va al festival por primera vez, y me pregunto qué han estado haciendo estos últimos 15 años. Y me vienen otra vez flashes mentales en modo metralleta multiplicados por 15, y resulta abrumador ser consciente de todo lo vivido aquí. Y no es casual tener dentro de ti ya toda una serie de trucos y secretos para obtener la mejor ubicación en uno u otro escenario, la manera de conseguir asiento en el abarrotado metro de vuelta a casa, de colar comida o bebida sin que los seguratas te lo confisquen en la entrada, o de conseguir entradas de reserva que se habían agotado previamente. Y no dejas de sentirte partícipe, con un pequeño granito de arena, de que el bebé se nos haya hecho gigante, e incluso haya quien lo considere el festival más importante del mundo. Todo es muy relativo, y hay 1000 cosas que se podrían mejorar, y me gustaría más si se le quitara ese envoltorio de estúpida pose y superficialidad, o si la gente priorizara más la música y dejara aspectos como la fiesta o el postureo para sus vacías vidas de mierda, y no dieran tanto por culo a los que queremos disfrutar de la música. Pero, aún así, yo lo siento muy mío. O incluso parte de mi. Y ya estoy esperando que salga a la venta el abono del año que viene, para lanzarme a por él, y aferrarme a esta isla a flote que cada final de mayo supone un punto de salvación y cura a las heridas de la rutina...




Y por lo que respecta estrictamente a lo musical, y recogiendo el guante del post anterior, las jornadas dESoRDeNadas de viernes y sábado estuvieron marcadas por los dos bolazos de una enrabietada y emocionada Patti Smith; por la ferocidad feminista de Sleater-Kinney, Babes in Toyland o The Julie Ruin; por la genuína singularidad de Tori Amos y su doblete de piano-teclado; o el contundente doblete de baterías de Thee Oh Sees; la nostálgica colección de clásicos contemporaneos del indie de Interpol, Belle & Sebastian o los Strokes; la melancolía shoegaze de Ride; la adorable electricidad naïf de los Vaselines (gracias, Kurt por descubrírselos al mundo!); la densidad oscura de Einztürzende Neubaten; el aburrimiento electrónico máximo de Caribou; la susodicha decepción de la sesión final de DJ Coco... o gratas sorpresas que estoy viendo a posteriori, y que quizás habría visto si fuera capaz de multiplicarme por cuatro...




*La foto de Patti Smith es de El País, y la de la salida del sol tomada prestada de Instagram (se me había acabado la batería del móvil...)

2 comentaris:

hiro ha dit...

15 anys anant al Primavera??!!!!! wooww!! si algun dia aconsegueixo anar-hi, ja et demanaré que em facis una masterclass de com colar menjar, beguda i com aprofitar al màxim el festival ;)
Patti Smith, Sleater-Kinney, The Julie Ruin, Bella & Sebastian... Enveja màxima al llegir la teva llista de concerts! ;P

dEsoRdeN ha dit...

bé, per ser exactes, he faltat un parell d'anys, però vaja: que porto anant-hi des de la primera edició, això sí :) Dimecres es posen a la venda els primers abonaments a preus més assequibles!! ;D