dimarts, 16 de juny de 2015

bLacK iS BLaCk




"Oye, tu hijo tiene el culo muy frío / Ya, es que hace 3 meses que está muerto". Me ha hecho mucha gracia este chiste sobre un tipo que se queda a dormir en casa de un amigo en la habitación filial, que he leído a raíz de la polémica sobre los límites del humor negro. Adoro el humor negro. Me parece el signo más evidente de inteligencia, chispa y honestidad. Me permite meterme en el papel de muchas cosas que ni soy ni siento, y reírme (muchas veces sin que se den cuenta) de todas las miserias de xenófobos, fascistas, maltratadores, violadores, sexistas, explotadores, o mezquinos de todo tipo. Es un error muy común pensar que, en el humor negro, el objeto de burla son los colectivos y los tópicos que se utilizan; ahí está seguramente el punto de lucidez y brillantez maquiavélica: en un chiste sobre judíos no te ríes de ellos, sino que estás haciendo un ataque, tan feroz como sibilino, a los animales que cometieron con ellos semejante atrocidad. Lamentablemente, no todo el mundo es capaz de hacer una interpretación correcta de la verdadera gracia del asunto; ni tampoco todo el mundo es capaz de ejercer el arte del humor negro correctamente. Algunos lo confunden o lo equiparan a la simple condición de cafre, de esos que realmente están deseando las atrocidades que se dicen en este tipo de retórica corrosiva. Eso no es humor negro, eso es ser un animal descerebrado, y el matiz es completamente distinto. De la misma manera que delatar unos pensamientos fascistas es simplemente eso, y no tiene absolutamente nada que ver con este arte inverso de apariencias y espejos al que me estoy refiriendo. Es decir, si pretendes hacerte el gracioso deseando de verdad barbaridades verbalizadas, estarás siendo un auténtico hijo de puta, pero eso de humor negro no tiene nada. Por contra, si interpretas literalmente un mensaje dicho con una intención totalmente opuesta, el problema es tuyo, no mío. Lo que digo una y otra vez: yo me hago responsable de lo que quiero decir, no de lo que tú quieras interpretar. En todo caso, mi problema será seleccionar adecuadamente el público al que dirigir este tipo de lenguaje codificado, o intuir el tipo de reacción que provocaré en mis interlocutores. 

Por otra parte, el humor negro es una buena manera de canalizar por vía racional muchos instintos primarios nada deseables, y depurarte de malos pensamientos o violencias varias, físicas o psicológicas. Siempre me ha gustado, porqué desdramatiza TODO de la vida humana y le da la importancia que tiene realmente: NADA. Relativizarlo todo y saber reírse de todo y de todos, empezando por uno mismo, son elementos fundamentales del melasudismo que tanto reivindico. No hay nada que me parezca más patético del ser humano (y mira que el ser humano tiene un amplio abanico de patetismos) que el hecho de tomarse en serio a sí mismo. Las personas que lo hacen me parecen ridículas, vanidosas, exageradamente egocéntricas, amargadas, y, en definitiva, vomitivas y gustosamente hostiables. Que el humor negro puede tener sus contextos más adecuados lo puedo llegar a encontrar razonable. Quizás un funeral no sea la mejor situación para hacer según qué comentario sarcástico sobre el fallecido, por mucho que en frío pueda resultar ciertamente hilarante. Pero no deja de ser un poco hipócrita que hace unos meses muchos presumieran de #JeSuisCharlie en redes sociales y manifestaciones 1.0, y ahora esos que corrían por salir en tu TL o en las fotos tras las pancartas de París, se escandalicen. Libertad de expresión sí, pero siempre y cuando no se metan conmigo? Debe ser la polémica artificial de la semana, ahora que la de los pitos al himno ya empezaba a estar demasiado trillada. Desgraciadamente, seguimos viviendo en una hipocresía continua, y parece que sea más grave hacer humor cínico sobre determinados hechos históricos que engañar y robar a todo un país. Está claro que a muchos les escuecen los últimos resultados electorales y no saben disimular la rabia contenida. Otro debate sería si determinados cargos públicos deberían hacer uso del humor negro o no mientras ejercen, o si un tuit de hace no sé cuantos años puede deslegitimar a alguien para realizar una función política. Y otro, tan o más interesante, el mundo de apariencias y fachadas en el que vivimos: si hago un chiste sobre negros ya soy un racista? Siguiendo esa regla de tres, si yo (que toda mi vida he sido culé) un día de locura máxima me pusiera una camiseta del Equipo del Mal, eso me convertiría ya automáticamente en merengue? Me parece una lectura superficial, llena de prejuicios y falta de rigor y justicia. No se es algo por vestirse de ese algo, sino que lo que te da esa condición es un comportamiento, una actitud continuada, una voluntad... perdemos demasiado tiempo discutiendo sobre las cosas que se dicen, cuando en realidad lo que define a las personas son las cosas que se hacen...

Sea como sea, la vida pública en general es tremendamente superficial, muy poco reflexiva, y sobrada de prejuicios y lecturas interesadas y muy muy demagógicas. Ojalá la llegada de esta nueva ola de políticos pudiera cambiar algo de todo eso, pero mucho me temo que el verdadero poder (el económico) y sus altavoces creadores de opiniones públicas para públicos que no tienen opinión, continúan siendo demasiado potentes. Ojalá me equivoque; y ojalá el culo del niño de esta noche esté calentito...