dilluns, 8 de juny de 2015

cOpA oN tHe RocKs




Fue un día como cualquier otro. Cero nervios ni antes ni durante el gran espectáculo del circo mundial. Ves el show a medias, porqué te pilla currando. A tu alrededor, compañeros enfundados en camisetas tribales bicolor, mientras tú vistes la tuya de los Excitements; amigos viviéndolo desde Berlín, como tú hiciste en Roma o Londres. Otros viéndolo en una casa talismán en grupo, un rato antes de que pases por la puerta del bar donde empezó todo, 23 años atrás. Te aferras a todos ellos para buscar la emoción a través de la amistad, pero la verde hierba alemana parece cubierta de hielo para tus ojos resecos. Quizás el corazón también lo esté, para éste y otros menesteres. Cuando quedas liberado del trabajo y vives la última media hora en grupo, intentas vestirte de gregario y alguna chispa parece prender, pero tienes la mala suerte de que el gol decisivo lo mete el tipo que más rabia te da en un equipo lleno de tipos que dan rabia. Lo apretado del marcador le da una igualdad y una emoción inusual, y con ello parece revivir algo ahí adentro en las profundidades. Con el tercer gol levantas los brazos y te abrazas a los demás, como en un ritual de grupo, pero por dentro sigue sonando a hueco. El rato y el día después, tres cuartos de lo mismo, y lo que más te hace vibrar es la mala leche y la rabia contenida que llevan encima los del Equipo del Mal y la España de naftalina. Ves el tramo final de la fiesta y sientes vergüenza ajena. Admites sin manías el gran mérito que tienen, pero no lo sientes como tuyo. Las cuestiones identitarias no entienden de razón, y sí de sentimientos. Y los tuyos parecen decirte a gritos que es la plena confirmación de la desintoxicación...