divendres, 12 de juny de 2015

i'M a VaMPiRe



Se nos fue el Drácula más característico de la historia del cine, con permiso de Bela. El de Christopher Lee no tenía nada que ver con el del hierático y teatral Lugosi: como fue característica general de las producciones de la Hammer, el vampiro de mr. Lee era visceral y tremendamente sexual, ayudado por el cromatismo exagerado del Technicolor, que acentuaba el rojo sangriento y el bronceado de las voluptuosas víctimas del Conde. Recuerdo haber hecho algún trabajo universitario donde valoraba las diferencias de algunos de los Dráculas más famosos de la historia del cine. Mi personaje de ficción preferido y con el que siempre he sentido gran empatía, ya fuera por identificación o por deseo de parecerme. Por su carácter solitario, seductor, instintivo, visceral, e incluso algo vengativo. Por su condición diferente, extraña, sobrenatural, que despertaba atracción y rechazo a la vez. Como metáfora de la pasión y el miedo, probablemente las dos fuerzas más poderosas del mundo, con permiso de la codicia. Por esas cosas, o por otras que se me ocurrirían en otro momento, siempre me ha gustado leer historias o ver películas de vampiros, fueran buenas o malas. Desde el 'Nosferatu' de Murnau, a 'The Addiction', el 'Drácula' de Coppola o la más reciente 'Let Me In'. Desde sagas cutres de novias del Conde o vampiresas lascivas, a vueltas de rosca cómicas e histriónicas como 'El Baile de Los Vampiros' o 'The Rocky Horror Picture Show'. Me fascina el vampiro y toda su mitología, y en el fondo siempre lo he encontrado más víctima que verdugo, partiendo del dibujo más arquetípico que nos ha llegado por libros y películas. Por todo ello, esta tarde me he sentido algo triste cuando me he enterado de la noticia de la muerte de Christopher Lee. De esas tristezas extrañas que uno siente por gente que no conoce de nada personalmente, aunque en el fondo sí que lo haga con el personaje que cada uno de nosotros se forma en su mente de cada famoso; les dotamos de una familiaridad irreal que acaba generando esta empatía, y supongo que por eso hoy tantísima gente ha sentido esta pena, como la pueda haber sentido tanta otra gente por Ornette Coleman. Sea como sea, larga vida en las tinieblas, mr. Lee...




*Sí, parece que al hombre le iba el rollo del Metal