
Ayer se me ocurrió algo realmente ingenioso que ahora no logró recordar. No puedo evitarme. Andar al filo de la navaja excita, pero corta. A veces hay que ser consciente de las propias inconsciencias para robarles el prefijo. Todo se regenera, nada se destruye, que diría aquél antes de que los demás le copiáramos. Suerte que en la antigua Grecia no existía la SGAE. Pensaba yo en patentar el uso de los artículos 'EL' y 'LA', y tumbarme en una hamaca a disfrutar de la vida. Lamentablemente, todavía tengo escrúpulos, lo que me convertirá en un pringado para el resto de mis días. Pringado, pero feliz, que es lo que cuenta. Y cada vez más autoenamorado, pero sin pasarse (lo justo para que los demás se den cuenta). Nunca confundir con narcisista. Si no entendéis el significado de la palabra 'narcisista', podéis buscar sinónimos como 'gilipollas', o 'Cristiano Ronaldo', que para el caso es lo mismo. Estaría muy bien poder hacerse el amor a uno mismo. No en el sentido masturbatorio de la palabra, ni tampoco en el de la leyenda urbana de Marilyn Manson y sus costillas, sino en el sentido literal. Y poder ver desde fuera lo que ven los demás cuando comparten sexo con nosotros. Y poder sentir lo que ellos. Y aprender a sí de uno mismo, para luego corregir y acentuar defectos y virtudes, y disfrutarlos con los demás. Sería francamente educativo. El saber no ocupa lugar, lo cual es muy pero que muy útil al precio que van los pisos en este país de ladrones...