dilluns, 11 de setembre de 2017

AgOtaMieNtOs vARiOs




Una de la mañana tras un fin de semana de curro agotador. Vuelven las rutinas, vuelve el frío, vuelve la oscuridad. Los subnormales del edificio de al lado dan una fiesta con música a todo trapo, y nadie les dice nada. Yo alucino. Y estoy harto de ser el único que se moja el culo y les llama la atención o, si es necesario, llama a la Guardia Urbana. Flipo con sus vecinos de escalera, y su puta cobardía. La gente que se deja pisar así sus derechos merece ser pisoteada sin piedad. De momento hoy paso de todo, porqué todavía no me voy a ir a dormir, y escribo aislado por la música que suena por mis auriculares. Evidentemente, si la juerga continúa cuando decida meterme en la cama, les diré algo. Hay que ser subnormal para hacer jaleo a la una de la mañana, y doblemente subnormal para permitirlo si te están molestando. Es curioso que el 99% de mongolos que hacen jaleo sin respetar a sus vecinos escuchan música de mierda. La música que escuches dice mucho de tu nivel de inteligencia y/o cultura.

Mañana es la Diada, y se respira en el ambiente que este año va a ser diferente. A 20 días del referéndum (si se hace), se respira muchísima ilusión en la calle, y muchísima crispación a 600 kms. Lo de la Guardia Civil vigilando imprentas o asaltando diarios está a medio camino entre el tufo a rancio franquista que a nadie le extraña viniendo de quien viene, y el surrealismo más ridículo por parte de ese estado corrupto y que ha perdido toda legitimidad (han perdido el norte, y están dando una imagen lamentable en todo el planeta. Hasta Julian Assange les está poniendo a caldo). Llegados a este punto de tensión de cuerdas, estoy convencido de que el nivel de pocilga mediática y política va a llegar a puntos de vergüenza ajena y de vulneración de todo código deontológico y de nuestro derecho a la información independiente, precisa y rigurosa. Y me da algo de temor que no quieran aprovechar la manifestación pacífica y reivindicativa de mañana para provocar falsos alborotos o algo similar. Ya hace días que los dóbermans mediáticos están ladrando y lanzando consignas sobre una hipotética escalada de violencia que sólo existe en su imaginación, pero eso es justo lo que ellos querrían, para lanzar más mierda sobre todo este proceso. No soy tan ingenuo como para pensar que desde aquí no se manipula, porqué ya sabemos todos quién se puso al frente cuando vieron que les interesaba ondear esta bandera que se hacía más y más popular y que tapaba sus propias miserias. Sigo siendo muy escéptico al respecto de cómo acabará todo esto, y continúo esperando explicaciones claras sobre un hipotético estado independiente futuro (que me sigue pareciendo una utopía). Pero, a la vez, la agresividad y el odio que desprende el nacionalismo neofranquista me están despertando las ganas de votar. No lo iba a hacer, pero si al final se hace el referéndum, iré, sea más o menos de chichinabo. Ni que sea como acto de rebeldía y por mi derecho innegociable a decidir en las urnas. Nadie (y menos los neofascistas que nos gobiernan a todos) me podrá negar nunca mi derecho a ir a votar. Vote sí, vote no, vote ns/nc, o vote a Carmen de Mairena. Ya va siendo hora de acabar con la gran mentira del '78.

Y a todo esto, el viernes estuve viendo a Interpol. Quedé con La Chica Con Pelo De Chico, y luego nos juntamos también con B-Melómano y con R-Ojos-Claros. Teniendo en cuenta mi aventura de una noche con esta última, y que creo que él y La Chica Con Pelo De Chico también habían tenido una aventura de una noche meses atrás, la situación era caprichosamente divertida. La verdad es que nos lo pasamos muy bien. El concierto estuvo genial, y luego estuvimos un ratillo en el after-party. La Chica Con Pelo De Chico y yo nos fuimos antes, y tuve la sensación que luego ellos se debieron preguntar si estábamos liados (oficialmente, nadie lo sabe, salvo E-Rizada, a quien se lo confesé en una de las noches de sexo de sustitución). Admito que me gustó esa sensación, porqué me encanta despertar ambigüidad y la complicidad que generan las historias secretas. Ahora a ella le toca encerrarse dos semanas como monja de clausura para acabar de preparar la presentación de la tesis. Ya le dije que si necesita algo, ahí me tendrá. A ver si deja atrás de una puta vez esta tortura, y vuelve a la vida con la cabeza clara y ganas de vivir con naturalidad. Tengo derecho a tener mis fantasías, qué queréis...