
Tras 4 días de encierro forzado bucodental, se me caían las 4 paredes de casa. Así que esta tarde he huído, renqueante, en busca de aire fresco y mi acreditación para el In-Edit que no he podido disfrutar hasta hoy por culpa de la susodicha tortura con forma de muela y quiste que ya no conviven conmigo. Acto seguido, me he encaminado hacia el Club Coliseum, donde he disfrutado del documental sobre la vida del padre del periodismo gonzo, Hunter S. Thompson, del que ya había escrito
en la 1ª parte del desorden. Muy recomendable. El documental, y su vida. Todo un ejemplo de desorden al máximo exponente al que debería aspirar cualquier ser humano con algo de vida inquieta ahí adentro. Mi actual dieta de clindamicina, paracetamol y codeína venían como anillo al dedo para la ocasión, así que no me ha costado nada meterme en la apasionante historia...
...he salido con el chute que me dan las almas desequilibradas como el dr. Gonzo. Me apasionan las vidas de estos chalados, y su modo de desafiar a los estúpidos ultrarracionalismos que controlan el mundo. Flemón de 4 días, barba de 8, capucha, y L7 en el ipod me han dado una fuerza de espíritu que hacía días que no sentía, si bien el cuerpo no ha acompañado. Me faltan unos cuantos entrecots y mis contundentes dosis diarias de chocolate para recuperar energías...
...y, ya de madrugada, me he enterado de
una mala noticia. Unos de mis cómplices del desorden se separan. Larga vida a The Long Blondes...
(mierda! Me han hecho recordar a la que ya os imagináis... 2 añitos han pasado!)