dissabte, 28 d’octubre de 2017

iNdePeNdeNCe dAy?




Estuvieras a favor de una cosa, de la otra, o te diera completamente lo mismo, lo cierto es que hoy ha sido un día histórico, para bien o para mal. Un día que muchos llevábamos tiempo esperando, pero que admito que me ha dejado... frío? Quizás porqué me ha pillado en el trabajo. Quizás porqué somos plenamente conscientes de que los delincuentes de Moncloa difícilmente permitan que se alargue en el tiempo, y sepamos que de una manera u otra pillaremos. Quizás porqué no ha sido la manera modélica, 'normal' y más justa con la que nos hubiera gustado a muchos llegar a este punto, de manera acordada, y con el 100% de garantías democráticas en el referéndum del pasado 1 de octubre (en este sentido, estamos en el mismo punto de dudosa legitimidad y chapuza con el que se aprobó la constitución de 1978, tal y como explicaba en el post anterior). Quizás por la propia incerteza que generan las situaciones inéditas. O incluso por las lamentables imágenes de nuevas agresiones que se han producido esta noche en Barcelona por parte de ese sector minoritario pero ruidoso del españolismo más rancio. 

Así que me voy a dormir con una sensación extraña y agridulce: por una parte, muy feliz porque se ha demostrado que la gente tiene mucho más poder del que nos quieren hacer creer. ("La gent no s'adona del poder que té", que cantan Maria Arnal i Marcel Bagés). Y es que la verdadera fuerza de este movimiento social por un cambio y una esperanza a algo mejor ha sido y es la gente de la calle. La que lleva 6 años movilizándose pacíficamente, no respondiendo a provocaciones y mentiras, y la que provocó que la antigua Convergència se subiera al carro en 2012 para aprovechar la ola que se les venía encima y tapar sus muchas miserias. Lo mismo que ha hecho el PP, vaya. No os negaré que soy escéptico respecto al futuro inmediato, y me temo que todo esto que hemos vivido hoy será algo efímero, y se nos vienen tiempos duros. Pero está siendo bonito. Realmente precioso, me atrevería a decir, por lo que respecta a la gente. Me ha resultado emocionante ver cómo lo vivían mis padres, o toda esa gente en Plaça Sant Jaume esta noche. Estoy rememorando las sensaciones que tuve en el 15-M, cuando llegué a creerme que era posible agitar y hacer temblar el sistema desde las calles. Esa es y ha sido mi gran esperanza en todos estos años de movilización para llegar hasta hoy: creer que si lo hemos logrado, por mucho que nos hayan humillado, amenazado y hasta pegado por el camino, o por mucho que nos hayan repetido mil veces que ni habría referéndum ni habría independencia (más mentiras para la colección del PP: hilillos de plastilina, ha sido ETA, Yak-42, metro de Valencia...), quizás también podríamos cambiar en el futuro muchas otras cosas injustas de la sociedad en la que vivimos. Y no hablo de la sociedad española. Hablo de la sociedad occidental, en general. Hay momentos en los que veo la ilusión, la convicción y la dignidad colectiva de la gente que está luchando por esto, y llego a creerme (otra vez, ingenuo de mi) que sí, que es posible. Pero la verdad es que me cuesta llegar a creérmelo al 100% y plenamente convencido.

Y por otra parte, también siento algo (mucha) tristeza. Sobretodo al ver cómo ha sido (está siendo) el camino para llegar hasta aquí. Intentando mirarlo con algo de perspectiva y racionalidad, todo ha dejado (está dejando) mucho que desear. En una democracia normal, debería haber sido posible dialogar, negociar, pactar, acordar, empatizar, escuchar... pero tenemos muy poca cultura democrática. Todos. Vivimos en un país (y en unos tiempos) en que parece que haya que gritar más que el otro para imponer tu 'razón', si es que a eso se le puede llamar así. Parece que discrepar o debatir tenga que ser sinónimo de enfadarse. Y el sentido crítico con todos, la autocrítica o el criterio propio brillan por su ausencia. Está muy bien el terreno emocional, pero siempre hay que guardar espacio para la razón. Y más en temas tan transcendentes como éste. Desde ambos bandos se han hecho trampas y juegos malabares propios de trileros, es innegable (y ahora ya hablo de políticos). El Gobierno del PP se ha despojado de todas las caretas y ha mostrado su verdadera cara neofranquista, represora, autoritaria, intransigente, manipuladora a más no poder (lo de RTVE es una puta vergüenza), hipócrita y miserable (podría estar con adjetivos calificativos similares 4 días seguidos). Lo de la separación de poderes es otra cuestión como para estar no ya triste, sino muy preocupado e indignado. Dos personas pacíficas e inocentes siguen en prisión casi dos semanas después por 'delitos' que no cometieron. O lo de la prensa dirigida e instrumentalizada por las élites de poder económico y político. Son todo elementos de república bananera. Y encima es una puta monarquía, como si esto fuera la Edad Media... Y aquí, yo sinceramente sigo sin fiarme de los convergentes. Que ayer estuvieran a punto de bajarse los pantalones y convocar elecciones autonómicas para volver al mismo punto de 2 años atrás me cabreó mucho. Y hace un rato he visto un interesante hilo de twitter en el que se insinúa que en realidad, técnicamente no han hecho una Declaración Unilateral de Independencia y que nos han metido a todos un gol por toda la escuadra...

Supongo que es también el cansancio, por no decir agotamiento, de una situación que se alarga, y que no tiene visos de solucionarse de una manera mínimamente razonable y satisfactoria para todo el mundo. Eso será imposible. Pero definitivamente me siento agotado. Y sé que queda un largo camino todavía. Mantengo intacta la ilusión por creer que, como decía el video que colgué en el post anterior, la independencia (si se llega a culminar de manera efectiva y prolongada algún día) no es el fin, sino el medio para conseguir una sociedad mejor mediante la ruptura con el sistema actual. Y por supuesto que todo esto genera vértigo, pero también un gran estímulo. Aunque ahora mismo la sensación predominante en mi es cansancio. Quizás esa sea la verdadera razón por la que no he acabado de disfrutar de este día como había imaginado. A ver qué pasa mañana...