dimecres, 20 de maig de 2015

VéRTigOs dEsoRdeNados




De adolescente, el monotema es el sexo. Tus hormonas van más alteradas que el Vesubio en Pompeya, ves culos y tetas por todas partes (bueno, eso tampoco cambia tanto más adelante...), y tu comportamiento no se aleja tanto del de un mandril (de hecho, desearías ser un bonobo; eso tampoco cambia tanto más adelante...); cuando eres veinteañero, el monotema es qué carajo haces con tu vida: estudiar, trabajar, marcharte al extranjero, echarte pareja, vivir la vida... y cuando ya tienes mínimamente definida y encarrilada tu vida (o no) y se te puede encasillar a partir de tu profesión, estado civil o deudas contraídas, el monotema empieza a ser el paso del tiempo. Yo estoy en esta fase. Hace tiempo que no puedo evitar pensar en el paso del ídem. Y da un vértigo del carajo. Ves a tus padres hacerse mayores y te das cuenta que ya no pueden hacer según qué cosas, empiezas a visitar médicos o tanatorios con frecuencia demasiado habitual, ves fotos de lo que pensabas que eran 4 días atrás y no tienen mucho que ver con la foto que te enseña el cabrón de tu espejo cada día, o lees que hace dos décadas ya de aquél disco que tanto te marcó o de la muerte de tal cantante o actor. Y flipas. Por dentro tampoco te sientes tan distinto, porqué el día a día tampoco ha cambiado tanto, pero si miras las cosas con una ligera perspectiva, te das cuenta de que sí; que el maldito calendario que podría parecer sólo un cronómetro es en realidad un Fórmula 1 (el de Fernando Alonso no; uno que corra de verdad...). Y te cagas encima. Y te vienen las prisas por hacer 1000 cosas a la vez ahora que puedes; pero a la vez te da más pereza que antes hacer las 1000 cosas que ahora podrías (o deberías) hacer. Empiezan a molestarte los ruidos ajenos, las 20.000 muestras de incivismo del día a día, los veinteañeros te parecen niños, y, sí amiguitos, terrible pero liberador momento, empiezas a sentirte un poquito de vuelta de todo. Que alguien no te llama, te la suda. Que alguien no te hace caso, desvías la atención hacia otro alguien. O sobre ti mismo, y que le den por culo al mundo. Empiezas a aprender a relativizar los hasta ahora grandes dramas de la vida, que en realidad eran ataques de ombliguismo u orgullo injustificados. Y disfrutas de los pequeños detalles y momentos, de compañías y complicidades que antes parecían invisibles, y sabes valorar a quien te quiere y te lo demuestra de verdad, con pequeños gestos que antes te pasaban desapercibidos. No diré que valoras más los momentos de soledad e individualismo, porqué eso es algo que siempre he necesitado como el aire que respiro; pero los disfrutas incluso más que antes, si es que eso es posible. Te agobia tener la agenda demasiado ocupada, e intentas dejarte siempre espacios de salvación y zonas de confort para ti mismo y tu mismidez. Cada vez te imaginas menos compartiendo tu espacio con nadie, más allá de las cesiones de colchón con fecha de caducidad. Y cuanto más te explican todo eso de tener hijos, más claro tienes que tú no quieres pasar por esa tortura, aún sabiendo que nunca se puede decir con plena certeza de este agua no beberé. Unos le llamarán madurez, otros lucidez, y algunos incluso le llamarán peterpanismo. La verdad es que me la trae bastante floja. Y, a pesar de todos los pesares, y matizando todos los matices, la verdad es que me gusta vivir a contracorriente...





2 comentaris:

hiro ha dit...

Comparteixo aquest estat vital i la sensació de vertigen. Flipo quan diuen "fa 20 anys d'això o d'allò" i jo ho recordo com si fos ahir!
Quan era adolescent, i el temps em semblava estancat, algú em va dir que a partir dels 20 anys la vida volava. Ara veig que tenia raó...
Carpe diem!!

Pd: que certa la frase del sr. Waldo Emerson

Campanilla ha dit...

Muy buena reflexion sí señor!
eso sí, me has dejado con el regustillo de ..."joder a todos nos pasa el tiempo encima"
Carpe Diem como bien dices y el resto que te la sude!
Un besito