dimarts, 26 de maig de 2015

mE MeO eN Tu cARa




Posiblemente sea tu filosofía melasudista que todo lo mueve desde hace años; o quizás el talibanismo hedonista de hacer lo que te venga en gana en cada momento; o un simple desprecio por lo que una mayoría decide que es lo correcto, o lo estándar, o lo "normal", si es que hay normalidad posible cuando uno habla de una raza tan mezquina como la humana. O, simplemente, una adicción incontrolable a abrir nuevas puertas y ver qué hay detrás. Sea como sea, una noche de viernes-lunes empieza con un propósito de control y moderación, y acaba con un ataque de dEsoRdeN de esos que una década atrás eran más llevables al día siguiente. Ahora, querrías morir 15 veces, que son las mismas que te levantas disimuladamente en el curro para refugiarte en el lavabo y dejar fluír los recuerdos de una noche de diversión, excesos y sudores. Las horas pasan lentísimas, en una secuencia inversamente proporcional a la velocidad con la que el reloj se iba comiendo minutos y horas la noche anterior. Y sientes el reverso de la moneda vital: lo que unas horas antes eran gozo, despreocupación y unos preciosos ojos azules mirándote a centímetros, ahora se convierten en tortura, esfuerzo sobrehumano por disimular la dignidad ausente, y unos terribles ojos rojizos y resecos mirándote desde el otro lado del espejo. Y el whatsapp también se convierte en espejo de contrastes que le dan todavía más mérito a tu sacrificada exhibición de despelote espiritual y de anarquía individual e individualista, intentando arrancar a mordiscos los grilletes de una falsa libertad condicional. Podría ser peor y no es exactamente una queja, pero me gusta más pensar que también podría ser mejor y aspirar a conseguirlo. Me gusta sentir que no renuncio a según qué cosas de la vida sólo por el hecho de seguir cumpliendo años. Me gusta continuar sintiendo esa energía incontrolable que guardo no sé dónde, aunque cada vez cueste más recuperarse de los indomables arreones dEsoRdeNados. Y valoro enormemente seguir improvisando mi camino sin rumbo, mientras voy viendo cómo la gente se va quedando en la cuneta buscando la comodidad de lo establecido, o gozando de cosas que yo no logro encontrar. Cada uno es libre de cometer sus propios errores. También sigo sintiendo que, por alguna extraña ley del destino que no consigo entender, no tengo derecho a disfrutar de según qué cosas, como si hubiera una especie de complot universal por razones que desconozco. Y como sé de sobras cómo acaba siempre el cuento, ya hace tiempo que estoy optando por ni tan siquiera pararme a contemplar los dibujitos. Quien quiera contarme cuentos, que me los cante...



PD: Del tema elecciones ya hablaremos otro día, que ahora tengo cosas más interesantes en que pensar...