dimarts, 3 de setembre de 2013

PuNtO y aPArte



Son casi las 2 de la mañana, y casi una semana exacta después de salir de casa, vuelvo a estar instalado en ella, a falta del batallón de vuelta a la rutina que me espera mañana, en forma de lavadoras,  súper, deshacer la maleta y poner la vida en su sitio (si es que tiene alguno). Me encanta estar por ahí dando vueltas por el mundo, y visitar sitios nuevos, conocer gente... pero uno de mis momentos favoritos de todo viaje es ese momento de volver a entrar a casa, en que todo parece nuevo, renovado al menos. Ese sentir que tu cabeza ha hecho un reset, y ha vuelto limpia, con nuevas experiencias y una mirada con algún nuevo matiz que añadir a la paleta vital acumulada. Como si con cada viaje, interior o exterior, uno comprase dos nuevos colores de Pantone, o cuatro, o los que sean. Y esa sensación de volver al sitio del mundo donde tú gobiernas es muy reconfortante. Aquí tú decides que al salir de la ducha te secas con toallas que no son ridículamente pequeñas, usas tanto papel de wc como haga falta porqué si se acaba pondrás otro rollo, y te despiertas a la hora que te da la gana independientemente de lo que hagan al otro lado de la pared...


Hoy me he despertado con el agradable sonido de buena mañana de una aspiradora que limpia una habitación que se ha vaciado. A las 9 de la mañana, con un par, y por muy cartelito colgante de silencio que hayas puesto en el pomo de la puerta. Entre eso, que te cobraban... por ver la tv!, o también por el wifi (7 euritos la hora / 12 euritos tarifa 24 horas), que no había alfombrilla para los pies al salir de la ducha, o un almuerzo muy discretito, ya sé a qué hotel no voy volver si algún día voy otra vez a Milán. He optado por empezar mi último día en los Navigli, que me quedaban cerca, y ha sido todo un acierto. Tras la tormenta de anoche, volvía a hacer sol y calorcito (dEsoRdeN facts), y el momento lectura en una terracita al lado de los canales, con el sonido de una fuente de fondo, y una brisa súper agradable, ha sido francamente sublime. Sólo han roto el momento la excesiva proximidad de la pareja italiana que ha llegado para hacer el vermut, y la inoportuna llamada de mi casero; años detrás suyo para que arregle todos los desastres domésticos de un piso anciano, y tiene que aparecer justo cuando estoy a 1000 km, como un irritante despertador de realidad no deseada; como un coitus interruptus de un momento sublime de paz interior; como una mosca pelmaza que molesta casi por oficio. De pequeño recuerdo que me gustaba que las moscas pasearan por mi piel de niño, haciéndome cosquillas que resultaban agradables. Quizás pueda considerarse insectofilia en menor grado, aunque para mi no era más que un inocente juego infantil que asocio a los veranos en casa de mi abuela. Eran tiempos de despreocupada felicidad, y aunque en la memoria me sean cercanos, estremece pensar en los años que han pasado. El otro día reflexionaba sobre la posibilidad, nada remota, de que mi vida haya superado ya su ecuador. Y me da mucho vértigo. Aún teniendo la certeza de que he aprovechado el tiempo, me da miedo de que la vida se me quede corta, como esa camiseta que ya no te viene porqué has pegado el estirón, y de que vaya a dejarme por el camino a las pocas personas que me importan. Sólo imaginarme el dolor de ese momento me entra terror, y me da por pensar egoístamente que preferiría no vivirlo y alterar el orden natural de las cosas. Pero sería muy injusto cargarles un dolor que me toca sufrir a mi, así que tampoco es eso lo que deseo. No puedo ni imaginarme que la vida pueda seguir su curso con normalidad cuando yo no esté. La vida es una ecuación irresoluble, y yo soy fatal para las matemáticas...

He subido hasta Santa Maria Delle Grazie para ver 'La última cena', pero cerraban los lunes. De haberlo sabido, habría ido ayer. Me he acercado con la calma hasta el Castello Sforzesco, comiéndome la manzana que había cogido del hotel, y haciendo una parada en La Poste. Hacía calor de ir buscando el lado de la calle con sombra, así que cuando me he topado con el parque Sempione y he estado dando una vuelta por allí, he encontrado la excusa perfecta para sentarme en la sombra a acabar el libro de Baricco. No me ha acabado de enganchar demasiado, y la temática era excesivamente religiosa para mi gusto, pero estando en Italia, supongo que ha sido una lectura bastante adecuada. Los turistas se mezclaban con parejas retozando en la hierba, tipos haciendo abdominales, o un niño que no paraba de preguntarle a su paciente abuelo mil y una cuestiones sobre las cosas que iban pasando delante de sus ojos, justo al lado del estanque de los patos. Cuando el hambre ha empezado a apretar de nuevo, he vuelto a la jungla de asfalto, y me he dado cuenta del por qué no quiero Sillyphone: tras 24 horas sin wi-fi, iba descartando restaurantes si no lo ofrecían de manera gratuíta, y aunque el que he elegido sí tenía, no me he podido conectar y eso me ha generado malestar. Suerte que los spaghetti carbonara estaban deliciosos, a pesar de la menudez de las raciones ya habitual...


Bajando por Vía Dante, he encontrado de casualidad wifi gratis del Instituto Cervantes que iba incluso más rápido que en alguna de las habitaciones de estos días, y he aprovechado para mirar y enviar 4 cosas sentado en la calle junto al Caffè Milano (del que, por cierto, en internet dicen pestes...). Los spaghetti han decidido montar una rave en mi estómago, y he pasado por la Pinacoteca Ambrosiana buscando recursos de hombre de mundo. En vez de volver por Vía Torino, he buscado otra ruta alternativa para ver otros rincones inéditos, y he bajado por Corso Italia, hasta girar por Vía Molino Delle Armi. En San Lorenzo Maggiore 3 lolitas se me han quedado mirando, aunque he preferido jugar a los autos de choque con la vista de una chica de gafas y pelo largo muy a lo secretaria del 'Un, Dos, Tres'. He acertado dónde iba a salir, y he vuelto a sentir ese extraño placer de haberme hecho mía una ciudad extraña, a pesar de haber estado poco más de un día. Creo que también podría vivir aquí un tiempo, a pesar de los precios, el clima en invierno... y muchos italianos (aunque eso tampoco es demasiado diferente aquí...). En el hotel, he jugado al tetris con mi equipaje y mi ropa, y me he sentido muy orgulloso de hacerlo encajar todo. Meter toda tu vida de una semana en una maleta y mochila pequeñas es otra de esas extrañas satisfacciones que te regalan los viajes...

Ya habiendo salido de Cadarno, me he llevado el susto al no encontrar las llaves de mi casa, hasta que han salido en las bermudas que me acababa de quitar en el hotel. No, no es que haya ido en calzoncillos al aeropuerto, sino que me he puesto tejanos para ganar espacio en la maleta. Ya sabéis, un chico de recursos... tras pasar el control, una chica de veinti-largos me ha preguntado en italiano qué tenía que hacer ahora, porqué era la primera vez en su vida que volaba y la pobre iba bastante perdida. La he acompañado un trecho, hasta desviarme en el Duty Free. En la puerta A05 me esperaba leyendo sentada la A-Lombarda. Estaba cambiada, ya sin su habitual melenilla morena a lo Mia Wallace, y con ese flequillo teñido de rojo, a juego con sus tradicionales labios de neón. Nos hemos puesto al día antes y después de sentarnos con 24 filas y 5 asientos de distancia en el avión, para acabar volviendo uno al lado del otro en el autobús a casa. Seguramente esa sea la metáfora perfecta y la razón que dé sentido a este viaje improvisado, producto de un arreón y una necesidad de huir de algo que no sabía antes de marchar. Pero ahora ya sé de que me escapaba: de fantasmas y odios que no llevaban a nada. Y es que, como hoy 'hablaba' con alguien que me ha 'acompañado' todo este viaje, más vale que te hagan sufrir a que te dejen indiferente. Porqué el que sufre, siente y vive. Y vistos con la perspectiva del tiempo, hay capítulos a los que vale la pena ponerle un punto y aparte, para estrenar otra página en blanco...





9 comentaris:

Pio ha dit...

"El momento de cambiar de página" Para mi los viajes representan eso, el momento de decidir que hacer, aunque sean por unas vacaciones.

Leo que has disfrutado mucho,me alegro, Italia es fantástica, un día de esto te copiaré la idea y me iré de viaje sola, pero soy más cagona XD

Buena vuelta a la realidad de Barna

begusa ha dit...


"La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada"
(Soren Kierkegaard)

ala. :P

hiro ha dit...

Després de llegir les teves cròniques italianes tinc ganes de tornar a Itàlia. L'Id no hi ha estat mai i crec que li encantaria.
Saps que no coneixia això del Navigli? M'apunto moltes de les recomanacions i carrers que has anomenat, per quan -algun dia remot- i puguem anar.
És maca la sensació de tornar a casa després d'un viatge llarg.
Benvingut!! :D

Pd: tu ets com aquella cançó de Crowded House, no? "everywhere you go you always take the weather with you" XD

V.M. ha dit...

Aha! Y ahora te repito algo que tantas veces me has dicho, tal vez en otras palabras, pero es igual, aquí va: "Adelante! A empezar otra pagina, otro libro, pero adelante!"

A mi no me gustó mucho Milano, no pensaría en vivir por allí... Pero los helados, divinos!!

Cé. ha dit...

Oye, pero, ¿a ti hay camisetas que no te vienen porque has pegado el estirón? ¿Tú pegaste estirón de ese? ;)
Y lo del dramatismo, ¿empieza a partir de los 30 o cómo va la cosa? Porque tanto como haber pasado el ecuador... XD. Yo tampoco quiero pensar en ese momento. Me pone muy triste y me asusta mucho, por mucho que sea natural.
Respecto a la "sillyphone" dependencia, supongo que es de humanos depender de algo. Y puestos a depender de algo, en cierto modo mejor un aparato electrónico que no deja de ser reemplazable, inerte y bla, bla, bla. Además, si no tuvieras tablet no podrías habernos ido contando tu viaje. Imagínate que alguien se suicida a costa de una semana sin entradas de dEsoRdeN o.O.
Me pasa lo mismo en los viajes, pese a que los disfrute o me lo pase bien me gusta volver a casa, es como cogerla con más ganas, como si al no tenerla durante unos días la valorases más. Supongo que un "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes", en menor medida.
La chica-perdida me ha recordado a cuando fui a Londres, que en un taxi que cogí de la residencia al aeropuerto iba también otra chica perdida, y la ayudé porque tenía más experiencia en aeropuertos.
Me alegro de que el reencuentro con A-lombarda fuese bien, a veces tienen razón con eso de que el tiempo cura...
Muá.

Ses ha dit...

Sí, sí, lo del papel de váter parece una chorrada, pero es importante, ja, ja.
Me encanta la foto de voltare la pagina, buenísima.

dEsoRdeN ha dit...

Viajar solo es genial, Pío; yo intento hacer al menos un viaje solo al año; aprendes mucho de ti mismo, y te obligas a auto-retarte. Gracias :)

Ole Kierkegaard, begusa... :D

Jo tampoc tenia ni idea dels navigli, hiro, i és una zona molt xula i que està com molt de moda, amb bars i restaurants! merci! jaja, sí, sí, acostumo a tenir molta sort amb el clima quan viatjo! XD

jeje, V.M. ¿Y tú ya has empezado a escribir nuevas páginas en blanco...? ;D ah, pues yo podría aguantar unos meses allí, creo...

qué gracia tienes, Tachenka... XD perdona, pero no es tan exagerado pensarlo. Depender de un aparato electrónico es idiota; prefiero depender de alguien que esté vivo y me lo haga sentir a mi. Yo flipé de que con veinti-tantos o treinta, haya gente que no ha cogido un avión en su vida! :O gracias :)

Muy importante, Ses! XD jeje, merci, el mérito es de quien hizo el cartel, yo me limité a capturarlo con la cámara :)

lengüetazos

V.M. ha dit...

En blanco no! Me las voy a colorear!!!

dEsoRdeN ha dit...

bien! :)