Sabéis perfectamente que soy muy futbolero y cuáles son muy colores, así que vaya por delante mi felicitación al Equipo del Mal por la liga que van a ganar con todo merecimiento. En la liga se trata de ser más regulares que nadie, y en eso han sido los mejores. Otra cosa es el nivel de su fútbol y sus filosofías sin escrúpulos, pero esos son debates que ahora mismo no me apetece analizar. Hoy quiero hablar de algo profundo a partir de una anécdota cotidiana y futbolera. El día después de que el eterno y odiado rival te haya ganado una liga en tu propia casa, hoy las calles de diSoRderLand estaban repletas de gente con la camiseta del Barça. Gente que la lucía con orgullo. O mejor dicho, con ORGULLO. Algo absolutamente inimaginable 20 años atrás, cuando este club al que siempre he seguido era una entidad perdedora, segundona y absolutamente acomplejada (vamos, lo que le lleva pasando desde hace ya un buen tiempo al Equipo del Mal). Y este pequeño detalle que puede parecer una tontería, es un signo inequívoco de algo que me parece muy significativo...
El otro día Guardiola decía una verdad como un templo que llevo toda mi vida intentando aplicar a mi día a día: NO TODO ES GANAR. El mundo se rige siempre por criterios asquerosamente resultadistas, y por tendencias superficiales donde parece que todo vale por conseguir un objetivo. Y mira que soy muy fan del refranero popular, pero si algo tengo claro en la vida es que el fin NO justifica los medios. Lo he dicho una y 1000 veces en este blog: lo importante no es el QUÉ, sino el CÓMO. Y por eso preferiré siempre ser yo mismo aunque no logre lo que busco, a conseguirlo traicionándome a mi mismo. El día que para ganar un título tenga que jugar cagao encerrado en mi área, o repartiendo estopa a diestro y siniestro, perderé el interés y la empatía por mi equipo. Y en la vida, igual. Por eso considero que el mayor triunfo del que para mi es el mejor equipo de todos los tiempos (al menos, de lo que yo he visto) no son esos 13 títulos de 16 posibles que ha ganado hasta ahora (con un poco de suerte, este año todavía caerán uno o dos más, sumados a los tres que ya llevamos). Para mi el mayor éxito del Barça de Guardiola es su personalidad absolutamente reconocible e irrenunciable que le lleva a ir a buscar sin miedos todos los partidos que disputa, sea donde sea, ante el rival que sea, desde el primer minuto hasta el último. Siempre al ataque, intentando jugar un fútbol de talento, atractivo y que guste a cualquier aficionado a este bellísimo deporte, sean del equipo que sean. Y ese reconocimiento mundial, incluso de los rivales más acérrimos, no tiene precio alguno. Te hace sentirte orgulloso de todo lo que representa este equipo, de su manera de ganar pero también de su manera de perder, felicitando a los rivales, y huyendo de polémicas, quejas ni provocaciones. Orgulloso de sus valores, que son los míos. Respetando a todos los rivales, sean un grande de Europa o un modesto de 2ª B. Dejando para otros prepotencias, envidias y soberbias (un gesto de mongo egoísta y engreído celebrando un gol me resulta suficiente razón como para vomitar sobre los 42 goles que lleve cualquier tontaina con complejo de segundón...). Censurando la violencia, sea de los rivales o la propia (lo que le hiciste ayer a Mongaldo sobró, Dani...). Apostando por lo propio, y que no todo sea tirar de talonario (que muchas veces ha fallado...). Asumiendo los defectos (que los hay), reconociendo los errores (que también) e intentando corregirlos. Y teniendo clarísimo que no todo vale para 'triunfar' en la vida, dentro y fuera del campo. Porqué el verdadero triunfo no lo otorgan los logros conseguidos, sino el método utilizado. Y cuando uno tiene claro cuál es el suyo, y lo defiende y lo trabaja y lo reivindica con valentía, lo demás acaba cayendo casi por inercia. Y es que, en el fondo, el fútbol, como la vida, no es más que un juego; y tú, y sólo tú, decides de qué manera juegas, ganas, o pierdes...







