dilluns, 31 d’agost de 2020

eL OdiO NeCesARiO


Cuando era pequeño, no recuerdo si todavía en la época en la guardería o en los primeros cursos de escuela, en mi clase había una niña profundamente repelente y consentida, hija de una profesora. Yo era un niño súper tranquilo y callado, pero aquella niña fue una de las primeras personas a la que odié en mi vida. Era un odio profundo, no la soportaba. Me enervaba. Recuerdo perfectamente que tenía enormes ganas de tirarle del pelo. Supongo que fue uno de mis primeros contactos con mis vísceras. 

Años más tarde, estaba jugando tranquilamente a fútbol en la calle con mis amigos. Llegó un niño de la calle de al lado que hacía tres como yo, y empezó a meterse conmigo de manera gratuíta y a llamarme pequeñajo y a insultarme sin motivo alguno. Yo seguí jugando y aguantando. Jugando y aguantando. Jugando y aguantando... hasta que exploté, fui para allí y le di una patada brutal en la espinilla con toda mi rabia acumulada. Empezó a sangrar y a llorar, y mi tío pasaba por allí y vio ese escenario a posteriori, y me acabó cayendo la bronca a mi. Esa fue seguramente la segunda vez que tuve conocimiento de mis vísceras, y la primera que me di cuenta de lo injusto que puede ser el mundo si no tiene toda la información o si recibe un relato sesgado o parcial de la realidad.

A lo largo de mi vida he ido sintiendo muchas veces esos impulsos viscerales, la rabia y el odio cuando había situaciones injustas, egoísmos, incivismos y situaciones similares. Y ahora me vuelve a pasar con un par de vecinos de esos que se piensan que viven solos en el mundo, y tienen cero empatía y respeto por los demás. Por mucho que he intentado hablar con ellos y hacerles ver que estaban molestando a los demás, les entra por una oreja y les sale por la otra. Y creo que he llegado al punto previo a la gran explosión. No puedo con ellos. Les ODIO profundamente, y siento ganas reales de ejercer violencia contra ellos. Verbal o física, me da lo mismo. Eso no quiere decir que la vaya a ejercer, pero ese es el nivel de carga al que he llegado. No puedo llegar a entender su actitud y su manera de ir por la vida. Me esfuerzo por ser una persona discreta y que haga la vida lo más fácil posible a la gente que me rodea, aunque a la mayoría ni les conozco. Soy plenamente consciente de que vivo rodeado de más gente, y que cada uno tenemos nuestra propia vida y nuestros propios horarios, e intento respetarlo de la manera más escrupulosa posible. Por eso no puedo comprender que haya gente a la que se la sude todo. Me saca de mis casillas. Y desearía que desaparecieran de mi vida, porque la hacen infinitamente peor y sacan cosas de mi que no me gustan. Gente tóxica y que desprenden y contagian su negatividad. Ojalá no os volviera a ver ni a sufrir nunca más. Os odio con todas mis fuerzas.