dilluns, 10 d’agost de 2020

eL ReSto MoLeStA

Busco guirnaldas para decorarme y darme brillo. Todo depende demasiado del egoísmo de los demás, y de mi intolerancia a la estupidez ajena. La mía la soporto a ratos, depende del momento. Hay quien se cree que porque te guste la música tienes que saberte de memoria todos los discos del mundo y conocer vida y milagros de todos los artistas, como quien piensa que un filólogo se sabe el diccionario de memoria. La gente es insoportable, por mucho que lo queráis maquillar. Lo único que cuenta son las personas, y cada uno se rodea de unas pocas que le encajen mínimamente bien. Que ni aprieten mucho ni se te caigan al doblar la esquina. Con alguna incluso es posible tener instantes de conexión real. Esos momentos son increíbles, y por eso no me los creo. Pero al menos intento disfrutarlos. Un poco de autoengaño no hace daño. Eso es cosa de la gente. 

Hoy es de esas noches que la música cala. Noches de poros abiertos. Estos momentos también son increíbles, pero estos sí que me los creo porque no dependen de terceras personas que te vayan a decepcionar antes o después. Siempre pasa. Me sigue alucinando que salga de música de algo que no sean músicos tocando: sea un vinilo, un cassette, un mp3, o un video de Youtube. Algo irreal e invisible que sientes DE VERDAD dentro tuyo, tocándote puntos G vaporosos de eso a lo que llaman alma. O esencia. O espíritu. O lo que te dé la gana. El mundo es lo que nosotros queramos que sea, con la terrible y enervante interferencia de todo lo que quieren los demás. Los demás siempre molestan. Son la barrera que separa realidad y deseo. Y a mi la realidad no me gusta nada. No hay por donde cogerla. Más bien te coge ella a ti.