dijous, 4 d’abril de 2019

VeRdADeS AbSoLUtiSTas





Ceremonia de la confusión. La vida es circo, y los payasos, payasos son. Que tire la primera piedra quien no tenga secretos inconfesables. De esos de avergonzarse de uno mismo y decir: “¿Qué narices haces, gilipollas?”. También hay quien quiere hacernos sentir vergüenzas por lo que no se atreven a hacer. Cada uno es como es, y mierda para todos. Quería hacer un poema, pero no soy buen rimador. Y lo que cambia empezar una palabra con una letra o con otra. Dime qué escondes y te diré los miserable que eres. Salir a cara descubierta tampoco parece buen negocio en un mundo de caretas y corazas. Nada es lo que parece y al final todo desaparece. Hay manos que mecen cunas, y otras que las tiran por el balcón. Cuidado los de la calle, que llueven criaturas del cielo. Oh, baby, baby! El Hermano Mayor nos vigila, y somos tan imbéciles que nos desnudamos por la pantalla. No damos para más, y cada uno tiene lo que se merece. Aunque muchas veces es injusto. Justicia, otra gran mentira. Tanto en lo personal como en lo público y en lo oficial, hay siempre dos mundos paralelos: lo que se enseña y lo real; el escaparate y la trastienda; la superficie y las cloacas; la proyección deseada y la verdad escondida; el falso relato oficial y las verdades que no quieren que sepamos. Siento asco del Estado en el que nací. El que pone en mi DNI. Y de esos falsos valores que pretenden tapar su verdadera naturaleza: corrupta, fascista, intolerante, cateta, soberbia, ultranacionalista, simplista, machista, racista, y todo lo malo que acabe en –ista. La vida es una gran mentira deshonesta. Todo por pura cobardía. Por no asumir lo que somos. Por no atrevernos a compartir nuestras fragilidades. Nos educan para ser Superman/Superwoman, en vez de enseñarnos a ser nosotros mismos. Y lo que cuesta llegar a serlo. Enfrentarnos a nosotros mismos, y a los prejuicios de los demás, y a los modelos estúpidos que nos plantan delante, mostrándonos un reflejo deformado que nunca encaja con nosotros. Sólo tú encajas contigo mismo, y no hay suplantación posible. Desaprender es un proceso lento, pero muy recomendable. La autocrítica es imprescindible. Y la empatía. Y el respeto. Y la confianza. Y la comunicación. Saber decir y saber escuchar. Y evitar que nuestras verdades absolutas se conviertan en absolutistas. Y admitir que de absolutas, nanay de la China. Todo depende del color de la manipulación con la que se mire. Atreverse a entender las verdades ajenas es, hoy en día, un acto heroico. Tal y como está el patio, y pensando en lo que se nos viene encima el 28 de abril, deberíamos hacer caso a Orwell: "No dejes que ocurra. Depende de ti".





1 comentari:

Elvis ha dit...

Cuánta razón tienes. A veces, aunque nos pese, es mejor vivir en la ignorancia, así al menos, no te sientes engañado.
Saludos.