dilluns, 23 de març de 2020

RefLeXiONeS cONfinAdaS




Siempre he dicho (y aquí lo he expresado alguna vez antes) que la 'normalidad' es un lujo que no sabemos valorar hasta que la perdemos. Porque cuando pierdes algo (o a alguien...) echas a faltar todo lo bueno que tenía (y que las capas de polvo de la rutina se habían encargado de disimular o de tapar). Nos acostumbramos rápido a lo bueno y le quitamos valor porque, una vez lo tienes, ya se le presupone eternamente. Si se pudiera obviar lo trágico de esta situación apocalíptica y completamente inédita, casi diría que puede ser buenísima a medio plazo, porque tengo la sensación de que ha hecho reflexionar incluso a quien nunca lo hace. Y nos ha abierto los ojos a nivel colectivo de muchas de las taras atrofiadas de este sistema y de esta vomitiva sociedad en la que vivimos. Y la califico así a nivel estructural y de dinámicas, porque estos días tambíen estamos viendo el gran capital humano que también queda tapado por el día a día, haciendo que no lo valoremos. Curiosamente, con colectivos normalmente muy maltratados, tanto a nivel laboral y económico, como de 'prestigio social'. A ver, creo que a los profesionales sanitarios se les tiene en buena consideración a nivel generalizado, pero llevan años denunciando recortes y una debilitación sistémica que ahora estamos pagando todos en una crisis tan descomunal como ésta. Pero me refería también a tod@s es@s trabajador@s de la limpieza, cajeras, reponedores, transportistas, basureros y todo este tipo de profesiones que suele ocupar gente con menos formación académica pero que tienen tanta o más importancia que un abogado, un arquitecto o un banquero. Aunque nos hayan educado en la competitividad feroz y despiadada, y nos hayan querido hacer creer que tener esas profesiones te situaba en un escalón inferior como ser humano. Una mierda para todos los clasistas. Estos días están evidenciando que son esos 'servicios esenciales' en los que tanto se está incidiendo. Sin tod@s ell@s, nuestra vida cotidiana se desmorona. Y ahora son los que más se están exponiendo en esta situación de película de ciencia ficción que estamos viviendo en todo el planeta. Cuesta de creer, a pesar de lo rápido que parecemos habernos adaptado al nuevo paradigma...

A nivel más general aún, otra gran enseñanza de estos días es que sin la clase trabajadora el sistema se va a la mierda. Y deberíamos tomar conciencia de ello y empoderarnos (ese verbo tan de moda...), y saber utilizar ese poder que tenemos para revertir muchas de las luchas que estábamos perdiendo como clase social. Tengámoslo claro y repitámoslo tantas veces como haga falta: sin nosotr@s, el sistema se va a la mierda. Y ojalá sea así y le demos la vuelta como un calcetín. Tengo la percepción (quizás falsa o ingenua, lo admito) que al capitalismo y al neoliberalismo más agresivos nunca se le habían visto tanto las vergüenzas y las debilidades. Y siento también el anhelo (no sé si realista o naïf) de que un cambio es posible. También lo creí el 15-M, y luego acabó como acabó (y sólo hay que ver el triste -o casi diría inexistente...- papel de Podemos en estos días, dejándose atropellar por un PSOE absolutamente perdido y vendido a las presiones de patronal y mercados, e intentando disimular su nefasta gestión con banderitas y proclamas patrióticas para engañabobos). Pero quizás aquel lejano 15-M fue solo el test de prueba que empezó a generar una conciencia de clase y de que había que cambiar muchas cosas. La Monarquía nunca había sido tan cuestionada como estos días, y espero que eso sea también el inicio del fin de toda esa familia de ladrones, aunque esté atada y bien atada por los de siempre.

Y aunque parezca contradictorio estos días, confío también que puedan empezar a germinar brotes de desobediencia civil. En mi tierra ya hace un tiempo que estamos empezando a cultivarlas, pero prudentes y temerosos como somos, no nos atrevimos a llevarla hasta el extremo (y así nos ha ido, que hemos pillado igual, pero sin llegar a hacer tambalear estamentos a los que pusimos en jaque; o eso parecía...). Y digo lo de contradictorio porque en días en que se nos pide que nos quedemos en casa, estamos obedeciendo a nivel mayoritario. Siempre está la excepción de los subnormales que se creen más listos que el resto y son sólo inconscientes, egoístas o estúpidos perdidos, o la de la gente a la que no le queda más remedio que ir a trabajar por X motivos (a mi me ha tocado esta semana, después de hacer teletrabajo la anterior. Esta mañana daba mucho yuyu ir por la ciudad completamente vacía). Pero no creo que se trate de una obediencia al Estado, sino que es algo de responsabilidad colectiva y sentido común. Yo hace 10 días me tomaba a broma lo del coronavirus hasta que de manera vertiginosa fui consciente de cómo se expandía, y empecé a fijarme en lo que decían los expertos. Y es a ellos a quien hago caso: a médicos y a científicos, y también a lo que me dice el sentido común a partir de lo que veo, leo y escucho. Pero el concepto de Estado está quedando también tremendamente debilitado estos días, y viendo lo perdidos que andan los políticos (o como mínimo, los que tienen que gobernarnos), me pregunto si no serían perfectamente prescindibles y podríamos regirnos a partir de comités de expertos.

Reflexiones quizás un poco ingenuas? Podría ser. Pero estos días dan para pensar mucho. Algo que no solemos hacer, y deberíamos. Y también demostrarle a quien nos importa que nos importa. Y aprender a valorar las 'normalidades' perdidas...




3 comentaris:

Laura ha dit...

El otro día leí un titular.
"éramos felices y no lo sabíamos"

No puede ser más acertado...

Petons amb molt de amor.

hiro ha dit...

Escriu Jeanette Winterson en un dels seus llibres que "Loss is the measure of love". I tan cert, fins que no perdem les coses no sabem valorar-les.

Com tu, vull veure la part bona d'aquesta crisi. Que la gent aprofiti aquestes setmanes de confinament per reflexionar i decidir quina mena de societat volen en un futur. Que vegin el bé que li ha fet a la natura i al planeta, viure sense nosaltres. Com bé dius, que es valori la feina dels professionals de la salut, de les dones de la neteja, els reponedors i caixers de supermercats, els cuidadors de gent gran i discapacitats, els transportistes, els pagesos...
I lo inútils que són la monarquia i l'exèrcit en el món d'avui en dia!

Per no parlar de la gestió pèssima del gobierno d'Espanya! només fa falta comparar el discurs modèlic de Justin Trudeau amb el de Pedro Sánchez per entendre qui dels dos és un bon polític.

Mentres, cuide'm-nos.
Una abraçada!

dEsoRdeN ha dit...

No me atrevería yo a decir tanto, Laura, pero lo que sí tengo clarísimo es que la 'normalidad' es el mayor de los lujos, y nunca la valoramos lo suficiente.

No suporto a Pedro Sánchez, hiro. De fet, diria que l'odio amb totes les meves forces. Em sembla el major farsant, mentider i hipòcrita del ja de per sí terrible espectre polític estatal. Un maleït neoliberal disfressat de progre. Espero que la nefasta gestió d'aquesta crisi li acabi costant el càrrec.

A cuidar-se, moces!!!