Se ve que, en la vida, o no pasa nada o sucede todo de golpe. ¿Para qué andarse con equilibrios o términos medios? Será la euforia del sexo, que transmite hormonas inconscientes a través de dimensiones perceptibles sólo por energías o intuición. Pero se transmite y se percibe, y te mete en una espiral de puertas que se abren cuando menos te lo esperas. Desaparecer 6 meses para volver y soltarte que te ha echado de menos, y que el tiempo y la distancia le han ayudado a abrir los ojos y darse cuenta de esas conexiones invisibles que tanto cuestan de encontrar y tan poco de añorar. Cuando ya has dado por perdida a una persona, y te has preocupado primero, y luego te has cabreado, y has intentado entender lo inentendible, y pasan las semanas, y los meses, y no da señales de vida, lo último que te esperas es lo que tanto habías deseado. Y todo es confuso y abrumador. Y no sabes bien qué debes hacer para gestionar ese triángulo de puntas cortantes y naturaleza incierta e indefinida. El deseo es meloso y te dice que vivas el presente, porque tampoco hay nada claro, ni hablado, ni acordado, ni comprometido. Pero hay cosas que quizás no haga falta verbalizar y se dan por hechas, y me gustaría hacerlo bien. Llevo mucho tiempo esperando, y si tanto reclamo y pregono empatías y respetos, comunicaciones y sinceridades, me gustaría ser consecuente. Lo de mañana debería ser un adiós definitivo a un pasado-presente breve pero intenso, y un abrir las puertas de lado a lado a un presente-futuro estimulante y prometedor, aunque dé vértigo por lo enormemente incierto de todo. Se ve que, en la vida, o no pasa nada o sucede todo de golpe. Y ante esta tesitura, sólo me queda ir a muerte con mi elección y cruzar los dedos para que sea la correcta.
Un mes tras las vacaciones da para mucho, dejando de lado rutinas veraniegas como playa, piscina, o salidas nocturnas. 'Sólo' 6 meses después, Mrs. Bizarre volvió a dar señales de vida para disculparse, explicarse y decirme que me había echado de menos pero no había sabido gestionar la situación y no había escrito antes por miedo a que la mandara a la mierda. No lo hice, aunque en estos 6 meses no me faltaron ganas en algún momento. Estamos en proceso de volver a ponerlo todo en el sitio donde lo dejamos, y aunque la veo a ella más cariñosa y necesitada de mi que yo de ella, lo cierto es que también la echaba mucho de menos. Y aunque perdí gran parte de la confianza que tenía en ella, me gustaría recuperarla poco a poco, y que nos recuperemos mútuamente. No sé exactamente para ir hacia adónde, pero cualquier lugar será mejor que quedarse quietos o cerca del precipicio de estos últimos meses.
En estos 6 meses podríamos decir que el vacío que me dejó Mrs. Bizarre lo ocupó La Rubia del Paral·lel. Hemos ido a unos cuantos conciertos y festivales, cenas, salidas nocturnas... ha habido algún escarceo que nunca ha acabado de concretarse en nada, siempre subidos al alambre de lo ambiguo. Pero ha sido una suerte tenerla ahí, y creo que también ha sido algo recíproco. Como solemos decir, estamos todos igual de mal. Y al final es cuestión de encontrar almas gemelas, o casi, con las que evadirnos de la basura cotidiana. El martes acabamos en mi casa de madrugada, charlando, tocando la guitarra suave, y con algún acercamiento suave también, pero con el eterno discurso de "seamos sólo amigos" y "es que soy un poco rarita" (que puedo haber escuchado decenas de veces en mi vida, lo que me lleva a hacerme la pregunta: "¿siempre elijo a las raritas, son todas así, o no tienen otras excusas más originales?". Algo que seguramente sería extrapolable en el sentido y sexo contrarios). Toda una generación de incultos emocionales e incapacitados relacionales.
Y por si fuera poco, y cuando ya casi ni pensaba en ella, reapareció en escena Morenita Amelie. Nos encontramos en el trabajo tras semanas sin vernos por aquello de las vacaciones, y me salió espontaneamente decirle que se viniera un día a las Festes de diSoRdErLand. Y aunque me dijo que sí, tampoco acabé de creérmela demasiado, porque no sería ni la primera ni la segunda vez. Y aunque el lunes dijimos de quedar el miércoles, seguía teniendo la mosca detrás de la oreja con las habituales excusas de última hora. Pero esta vez no las hubo. Ni habiéndole dicho de venir a cenar a casa, sin tapujos ni disimulos. Y vino, y me trajo flores, y cenamos en la azotea en una noche fantástica y llena de magia por elementos externos adaptados a nuestra realidad. Y la magia dio paso a lo inevitable, y las ganas recíprocas acumuladas en meses y meses de idas y venidas explotaron con el calor de las noches veraniegas, mientras sonaba, literalmente, la traca del final de Festes. Y fue incluso mejor de lo esperado, porque siempre que uno espera algo, la realidad acaba quedando por debajo. Y ella misma me admitió que ya lo había descartado, y creo que yo ya casi también. Pero llevamos dos días escribiéndonos, y parece claro que con ganas de repetir. Y hace un momento coincidíamos que hemos tenido que hacer un ejercicio de autocontrol recíproco al vernos hoy en el trabajo. Y no sé dónde llevará esta historia clandestina y que no deja de tener riesgos por su situación, pero ahora mismo me costaría ponerle freno y ella me deja claro que también. Nada tiene sentido cuando se sienten cosas, sean del tipo y la fuerza que sean.
En este caos dEsoRdeNado me muevo ahora mismo, con una madeja de masa cerebral entremezclada, caras distintas, y afectos y necesidades también diferentes, intentando sacar algo en claro. Al final, por mucho que quieras racionalizar las cosas, parece que al final siempre se nos acaba llevando la corriente a la fuerza, y no hay control posible. A la deriva, como siempre, buscando un faro que nos lleve a puerto. Aunque a veces parece que nos dé miedo pisar tierra firme y preferimos quedarnos luchando en la tormenta por no hundirnos en mitad de la nada.
Estirado en la cama (colchón blando, afortunadamente), metido en una mosquitera, y escuchando las olas del Golfo ir y venir. El viento no ha parado de soplar en estos días en la isla, y aunque el tiempo no ha acabado de acompañar, me lo he tomado con bastante calma. Seguramente el relax y la parsimonia caduquen en una semana, cuando vuelva la rutina laboral. Pero me preocupa bien poco ahora mismo. El ritmo anímico lo condiciona el entorno, y está claro que nuestras vidas cotidianas son un error. Seguramente, programado por los titiriteros. No sé hasta qué punto es real pensar que tenemos en nuestra mano las tijeras, pero independientemente de los cortes que nos provoquen, creo que es así.
Ver la fiesta de la luna llena como observador semi externo es un interesante ejercicio de análisis sociológico (no muy favorable para el ser humano, todo sea dicho). Y es curioso que la barrera para sentirte integrado no sea ni el grado alcohólico ni el hecho de ir solo (como si eso fuera un problema...). No, la verdadera exclusión y distancia la marca... la música. O su ausencia, sólo suplantada por el ruido. Chumba-chumba, canciones fáciles, o ritmos de laboratorio con letras estúpidas, muy adecuados para la pasarela de vanidades y exhibicionismos que se planta delante de tus ojos. Un show grotesco y fluorescente en el que es obligatorio hacer ver una felicidad imposible de conseguir con estos ingredientes. Con selfies, mucho mejor. Era un momento tsunami bastante claro.
Me relaja el sonido del teclado de la tablet. Como una máquina de escribir del siglo XXI, ocupando menos. Me gusta la sensación rupestre de esta isla, con caminos estrechos, mal asfaltados y que se inundan con las lluvias habituales de la zona. O estos taxis semiclandestinos que te regatean el precio del trayecto, y que compartes con una familia de alemanes, con jóvenes internacionales de medio mundo, o contigo mismo. Se ven muchas construcciones, y me temo que será cuestión de tiempo que pierda este encanto. Curioso que el teórico desarrollo lo acabe estropeando todo. Oigo el ruido de un animal ahí fuera. Parece un pájaro. Yo soy el animal invasor aquí, y tengo consciencia de ello.
Transito por calles que fueron nuestras, a miles de kilómetros de las mías. En este pequeño paraíso tropical todo se ve de otra manera, porque viven de forma distinta. El ritmo baja. Las prioridades cambian. Y casi sin darte cuenta tú también cambias la manera de relacionarte con el mundo y ese extraño entorno, inmediato pero ajeno. El ventilador gira a un lado y a otro, como tú intentando retener en tu mente tantos estímulos. Exóticos, distintos, abrementes. ¿Serías capaz de vivir así y aquí? ¿Dejarlo todo y a todos y empezar de cero? ¿Destruirte y reinventarte en alguien nuevo? ¿Cuánto de uno mismo lo genera el entorno en el que se mueve? ¿Somos realmente como somos, o en realidad son las circunstancias las que no hacen así? ¿Por qué te gusta tanto explorar mundo a tu aire, y cuando cae la noche añoras compartirlo con otras personas? ¿Es realmente una voluntad generosa de que otros vivan eso contigo, o es puro egoísmo de tener alguien ahí al lado, sin que sea especialmente transcendente quién ocupe ese lugar? ¿El mundo te hace cínico, o es tu cinismo el que hace que el mundo sea así?
Pasan los meses y ya son más de cinco. La otra noche soñé con ella. Creo que por primera vez en todo este tiempo, pero la memoria podría estar manipulándome. Fue como un susto girar la cabeza y que estuviera allí, con las piernas recogidas como la sirenita danesa, preguntándome si no la quería o si era ella la que no me quería a mi. Fue algo angustioso, pero si salió a flote es porque sigue ahí sumergida en la inacabable oscuridad de su ausencia eterna. Sigo sin entender nada de nada, y sigo odiando su cobardía, su inacción, su silencio y su cero esfuerzo por intentar recuperarme. Tengo valor cero en su mercado de valores, pero como de eso parece ir escasa, quizás no sea tan mala noticia. Que no te afecten los actos (o su ausencia) de quien demuestra no merecerlo debe ser el paso definitivo para alcanzar la madurez o la propia autoafirmación en esta jungla de YOs. Sigo caminando, cojeando de ánimo, pero con un hambre irremediable de coleccionar momentos memorables. Tampoco me parece que se pueda aspirar a mucho más en este planeta...
Mezclar gente random es uno de mis juegos preferidos. Y, curiosamente, en un número elevado de ocasiones, la jugada suele salir bien. Quizás la incerteza hace que la gente sea más abierta, predispuesta, o lo mire todo con menos prejuicios. O quizás sea que al no llevar las caretas del día a día ni los cinturones de castidad de los roles cotidianos, todo fluye mucho más fácil. Bueno, y la música siempre ayuda, claro, y es el nexo más fácil para tejer complicidades fortuitas. Ahora toca otra de mis actividades favoritas: dejar atrás sitios, caras, problemas y rutinas, y lanzarme a ver mundo a mi aire. Tiempo de reflexionar, pero también de saber no hacerlo. Las horas previas son siempre de estrés y angustias por no dejarte nada, hacerlo todo deprisa y a última hora, y querer hacer la maleta más ligera posible y darte cuenta de que no te cabe todo lo que te quieres llevar. Al final es siempre un ejercicio de equilibrismos y volúmenes imposibles, y sabes perfectamente que a la vuelta será todavía aún peor. Y te das cuenta de la cantidad de objetos, ropas, y productos médicos o de limpieza que usamos en el día a día. Resumir mi mundo de los próximos 15 días en una maleta pequeña y una mochila de mano, esa es mi misión...
Recuerdo cuando empecé a escribir por primer vez por internet que se vivía una especie de época dorada de los blogs. Los recuerdos siempre son difusos y la memoria tiende a imaginar muchas veces cosas que realmente no pasaron o que no coincidieron en el tiempo, pero juraría que por aquél entonces no había descubierto aún Facebook, y mucho menos Twitter ni Instagram. De hecho, a esta última red social me resistí hasta hace poco más de un año. Siempre he sido muy de resistirme a todos estos cambios y a las nuevas tecnologías, aunque al final acabo cayendo (pero normalmente con reservas). La primera vez que oí hablar del mail, estando yo en la universidad, me reía de mis amigas que lo usaban, como si fueran freaks de otro planeta. Hasta hace 3 años no tenía ni whatsapp (de hecho, no tenía smartphone), y me lo acabé poniendo únicamente para facilitar la comunicación en el Primavera Sound. Ahora lo uso a mi manera, cosa que quizás ponga nerviosa a alguna gente (cosa que me importa bien poco): escribo cuando puedo y cuando tengo ganas, y eso excluye situaciones que me parecen obvias pero que para mucha gente parece que no lo son: si estoy con alguien, si estoy en un concierto, o en el cine, o comprando, si estoy trabajando, si voy caminando por la calle... no soporto a la gente que va escribiendo mientras camina por la calle, o los que se quedan parados en mitad de la acera, entorpeciendo el paso de los demás. Putos yonquis. Zombies sin alma. Egoístas incívicos y maleducados. Esclavos de estos tiempos en que nos hacen correr tanto para que no pensemos ni seamos críticos con todo lo que nos están atropellando y todo lo que nos están robando. Admito que he deseado que atropellaran a alguien que iba caminando y mirando el móvil, sin importarle una mierda entorpecer el paso de los demás. Me parecería muy merecido. Sea como sea, soy de los que puedo tardar un día en contestar un whatsapp, o varios si estoy de vacaciones. Hay gente que se lo toma mal, pero mis tiempos los marco yo, y me pone muy nervioso el intrusismo personal que intentan vendernos como normal en esta era de las supuestas comunicaciones inmediatas. Y no hace falta decir que cuando me voy a la cama, apago el móvil. Faltaría más que alguien me molestara en mi momento más sagrado.
Volviendo al inicio, añoro aquella época en que los blogs hacían chup chup. Había muchísima vida, muchísima interacción, y gente que no conocías de nada pasaba a formar parte de una especie de comunidad y de amistad de segunda dimensión. Amistad virtual que, aunque nunca me lo hubiera planteado al empezar a escribir en blogs, se acababa convirtiendo en real, de carne y hueso, en muchos casos. Por entonces todavía había muchos prejuicios y parecía que fuera algo de gente extraña, asocial, taraos psicópatas o cosas peores. Conocerse por internet, qué degenerados... es curioso cómo han cambiado las percepciones sociales comunitarias en unos pocos años... ahora el raro soy yo por no haber usado nunca Tinder ni similares. Pero al fin y al cabo, aquél era un proceso mucho más natural que cuando conocías a gente en una noche de fiesta. Y mucho más real. Porque esa gente que te leía a no sé cuántos kilómetros de distancia te conocía mucho más que muchos de tus supuestos amigos 'reales'. Empecé el blog de manera anónima precisamente como autoterapia, para expulsar fantasmas y demonios sin caretas, represiones ni inhibiciones. Y resultó que la gente lo comentaba, y te daba sus impresiones, y te hacía reflexionar sobre esto o aquello. Y era realmente interesante verte en sus ojos sin prejuicios previos que estuvieran condicionados por los roles que nos asignamos inconscientemente en nuestra vida cotidiana. Era una mirada mucho más pura y genuína, y estoy convencido que hoy no sería quien soy sin toda esta vida virtual, que curiosamente era mucho más real y auténtica que el 90% de relaciones de carne y hueso.
Y supongo que si añoro todo aquello es porque mi vida de carne y hueso sigue teniendo muchos agujeros. Pasan los años, y va pasando gente por tu vida, y relaciones que se hacen y deshacen con menos consistencia que las nubes en el cielo. Miro a mi alrededor y sólo veo a gente perdida, inconsistente, vaporosa. Yo debo ser igual. O quizás no encuento a quién demostrarle que no. Y si me aferro tanto a la música es porque no confío en la gente y no siento especial apego por los animales. Sin duda la música es la forma más perfecta e infalible de belleza. La que lo hace todo más soportable. Y la que te regala todas las emociones que te niegan los humanos y que tanto necesitas.
Ya huelo las vacaciones, y eso siempre es una buena noticia. Aunque no llego tan apurado como otros años, tengo ganas de no hacer nada, desconectar, y largarme bien lejos de todo y de todos. Parece una necesidad general: cambiar de caras y de entornos. Nos agotamos los unos a los otros, también porque a cada generación que pasa, menos paciencia y más urgencia. Tanta, que ni sabemos por qué corremos tanto, ni hacia adónde. Perdidos como pollos sin cabeza. La vida por inercia y sin demasiado sentido. Ir tirando y ya se verá, aunque quizás no haya nada que valga la pena ver. No hay grandes referentes, porque los que nos ponen en las pantallas son mediocres, déspotas y no conectan con la gente; y los que valdrían la pena, nos los esconden todo lo que pueden para taparnos los grifos de sentido crítico. En la teórica era de la aparente información global donde todo debería ser más diáfano y transparente, uno se siente más atrapado, engañado y angustiado que nunca. Y rodeado de cretinos, imbéciles y egoístas también en el entorno más próximo. Descreído dEsoRdeN, qué cuesta arriba se hace todo a veces...
'Pèrdua'. Reflexionar en imágenes sobre un escozor aún latente. Proceso catártico, pero todavía incompleto. No se cerrará hasta que no hable con ella, y eso no pasará porqué hace 5 meses que espero. No hay mayor dolor que la indiferencia. La inacción. El silencio. Incluso la cobardía. Que te falle alguien por quien lo habrías apostado todo. Y así voy, dando tumbos erráticos, y volviendo a caer una y otra vez en los mismos errores. En las mismas flaquezas. No está siendo un año fácil. Sufrir según qué maldades miserables tampoco ha ayudado. Pero siempre hay algo a lo que agarrarse, y cuando consigues juntar dos pasiones, parece que todo es más fácil. Ni que sea por momentos puntales. Pero es una suerte, y eso también hay que valorarlo. Y las personas a las que conoces y con las que te relacionas. Sigo odiando a la gente pero quiero a algunas personas. Y la verdad es que últimamente parezco estar de mejor humor que semanas atrás. No sé cuánto durará, porque eso siempre es decirlo y que cambie. Pero cosas bien hechas que han dado resultados, o nuevas personas que han aportado luz, me han estimulado la creatividad (artística y vital), y me han ayudado a salir un poco de la espiral negativa de los últimos meses. Y llegan semanas ilusionantes, con el Vida festival, y las vacaciones. Otra vez bien lejos, siguiendo el camino iniciado el año pasado en latitudes que hace tiempo debería haber visitado. Algo nos debe pasar cuando estamos deseando con tanta fuerza huir de nuestros entornos habituales. De nuestros paisajes humanos cotidianos. Todos queremos escapar, y en gran parte huimos de nosotros mismos. La insatisfacción es un mal común de nuestros días de sobreestímulos. Y quizás haya algo de sobrereflexión también. Debería ir a dormir, que es uno de los grandes placeres de los que puedo disfrutar. En muchos sentidos, soy un privilegiado. Aunque en otros este más cerca de la desgracia. Nada que no pueda arreglar una buena canción.
Podría escribir de 1000 cosas, ya que últimamente tengo esto un poco abandonado. Amores (pocos), desamores (muchos), política, la vida, mis labores, anhelos y frustraciones... o podría hacerme una de esas pajas mentales abstractas que me salen a veces en esta quijotera alterada por mi alergia misántropa. Pero hoy es 13 de junio. De 2019. Y hace justo 25 años se publicó uno de los discos de mi vida. EL DISCO de la historia del pop estatal. LA BANDA de la historia del pop (y de la música) estatal. No soy imparcial con ellos, y me importa tres pitos. Es la banda española con la que más he conectado en mi vida. Al final la percepción de las cosas siempre se ve afectada por el impacto emocional que te provoquen, o por los recuerdos que vayan ligados. Y son muchos. Es el disco que más veces habré escuchado en mi vida. La banda que más veces he visto en mi vida (puedo andar sobre las... ¿20-25? Y el viernes espero sumar otra más...). Las canciones que más he cantado en mi vida. Y las que más he sentido. Y sigo haciéndolo. Me siguen tocando. Me sigue siendo imposible no cantarlas en cuanto suenan las primeras notas. Y me siguen emocionando cuando las escucho en directo. Y al final se trata de eso. En la música y en la vida. Las emociones son nuestro bien más preciado. Lo único que diferencia vida y muerte. Y muerte en vida. Antes, o quizás era ayer, pensaba en el enorme regalo que es estar vivo, aunque la mayor parte del tiempo sea una auténtica mierda existir. Pero ni que sea por esos momentos concretos de sentir cosas ahí adentro, ya vale la pena el resto de la existencia. Nos pasamos la vida buscando emociones. En nuestras relaciones, en nuestros viajes, en el amor, en el sexo, en las drogas, en la comida, en el cine, en los libros, en los discos, en los conciertos, en nuestros hobbies, o incluso a veces en el trabajo. Por eso hay libros, o películas o discos que son tan importantes para nosotros. Y 'Super 8' lo es. Y sigue llevándome a aquella época en que el indie era un prototipo mal copiado de las pocas bandas británicas y estadounidenses (básicamente) que nos llegaban a través de revistas, amigos inquietos qu te grababan cassettes, o de ese oasis en las ondas que era Radio 3. ¿Internet? ¿Eso qué es?
Y en aquél páramo desolador que era la música española de finales de los 80 y principios de los 90, llegaron Los Planetas (y muchos más). Pero ellos copiaban y mezclaban a otros mejor que nadie, y le daban su toque personal, y encima cantaban en castellano sin provocar vergüenza ajena en lo que decían y cómo lo decían. Y te hablaban abiertamente de sexo, drogas, de sentirse mal y perdedor, y de vacíos y desamores, y de malos viajes y alucinaciones surrealistas. Y fueron punta de lanza de muchas otras bandas que se rebelaron contra la mediocridad musical española de la década de los 80, y quisieron hacer algo diferente, moderno, atrevido, para toda una generación inquieta, curiosa y mucho más exigente, que empezaba abrirse de oídos con esa ruptura que supuso en 1991 el boom del grunge y Nirvana, y la irrupción de la entonces llamada 'música alternativa'. En 1994 conocimos a Blur, y a Oasis, y a Portishead, y a Pavement, y a Weezer, y a Green Day, y a Jeff Buckley, y a Beck, y a Echobelly, y a Veruca Salt... pero también a Los Planetas. Y nos cambiaron la vida para siempre. A mi me la cambiaron, vaya. Y si este blog se llama como se llama, también es por ellos. Gracias es poco.
Aúlla el lobo en busca de su presa. Agarras las garras y sientes los dientes. Fluyen guitarras a través de las venas y todo es mejor. El fluir de una frustración es más placentero con riffs y sangre. Carne llama a carne. Es difícil buscar si no sabes lo que quieres encontrar. Es difícil encontrar si lo que buscas no te gusta. Y en el desencuentro, vives. Quizás sea más fácil morir, y por eso algunos lo hacen en vida. Se podría discutir si vivir es lo que pasa entre el nacimiento y la muerte, o si habría que ser más exigente con el concepto. Hay muchos conceptos realmente baratos hoy en día. Justo hoy leía en 'La Mirada Lúcida' el poco valor que tienen hoy en día las palabras. Palabras perezosas en su ejecución. A veces por repetición. A veces por inhibición. A veces por contricción. Puedes oír el 'clong' de su vacío si picas en ellas. Vivimos en un mundo muy poco exigente para algunas cosas, y extremadamente demandante para otras. Un mundo de palabras fáciles y peticiones difíciles. Pedir, pedir, siempre pedir. Siempre queremos algo. Siempre anhelamos más. Ni que sea por un rato, y luego ya nos olvidaremos, y a por otro deseo caprichoso. Un mundo de gente malcriada. Sí creo que es eso. Tú lo eres. Yo lo soy. La pantalla es el espejo. Y si no te gusta lo que ves, te jodes. Hay libros ya escritos, como algunas sentencias. Y otros que están por hacer. Pero hay que tener valor de enfrentarse a la hoja en blanco de tu vida. Sólo tú eliges entre dar vida a tus sueños, o dejar que se te coman las pesadillas. Lanzar a la pira a tu yo falsificado y cambiarlo por el bueno. Eres la única copia de ti mismo en este planeta, y sólo de ti depende decidirle la talla. Aunque suene al puto Paulo Coelho.