dimarts, 2 de juliol de 2019

aÑoRaNZa dEsoRdeNada




Recuerdo cuando empecé a escribir por primer vez por internet que se vivía una especie de época dorada de los blogs. Los recuerdos siempre son difusos y la memoria tiende a imaginar muchas veces cosas que realmente no pasaron o que no coincidieron en el tiempo, pero juraría que por aquél entonces no había descubierto aún Facebook, y mucho menos Twitter ni Instagram. De hecho, a esta última red social me resistí hasta hace poco más de un año. Siempre he sido muy de resistirme a todos estos cambios y a las nuevas tecnologías, aunque al final acabo cayendo (pero normalmente con reservas). La primera vez que oí hablar del mail, estando yo en la universidad, me reía de mis amigas que lo usaban, como si fueran freaks de otro planeta. Hasta hace 3 años no tenía ni whatsapp (de hecho, no tenía smartphone), y me lo acabé poniendo únicamente para facilitar la comunicación en el Primavera Sound. Ahora lo uso a mi manera, cosa que quizás ponga nerviosa a alguna gente (cosa que me importa bien poco): escribo cuando puedo y cuando tengo ganas, y eso excluye situaciones que me parecen obvias pero que para mucha gente parece que no lo son: si estoy con alguien, si estoy en un concierto, o en el cine, o comprando, si estoy trabajando, si voy caminando por la calle... no soporto a la gente que va escribiendo mientras camina por la calle, o los que se quedan parados en mitad de la acera, entorpeciendo el paso de los demás. Putos yonquis. Zombies sin alma. Egoístas incívicos y maleducados. Esclavos de estos tiempos en que nos hacen correr tanto para que no pensemos ni seamos críticos con todo lo que nos están atropellando y todo lo que nos están robando. Admito que he deseado que atropellaran a alguien que iba caminando y mirando el móvil, sin importarle una mierda entorpecer el paso de los demás. Me parecería muy merecido. Sea como sea, soy de los que puedo tardar un día en contestar un whatsapp, o varios si estoy de vacaciones. Hay gente que se lo toma mal, pero mis tiempos los marco yo, y me pone muy nervioso el intrusismo personal que intentan vendernos como normal en esta era de las supuestas comunicaciones inmediatas. Y no hace falta decir que cuando me voy a la cama, apago el móvil. Faltaría más que alguien me molestara en mi momento más sagrado.

Volviendo al inicio, añoro aquella época en que los blogs hacían chup chup. Había muchísima vida, muchísima interacción, y gente que no conocías de nada pasaba a formar parte de una especie de comunidad y de amistad de segunda dimensión. Amistad virtual que, aunque nunca me lo hubiera planteado al empezar a escribir en blogs, se acababa convirtiendo en real, de carne y hueso, en muchos casos. Por entonces todavía había muchos prejuicios y parecía que fuera algo de gente extraña, asocial, taraos psicópatas o cosas peores. Conocerse por internet, qué degenerados... es curioso cómo han cambiado las percepciones sociales comunitarias en unos pocos años... ahora el raro soy yo por no haber usado nunca Tinder ni similares. Pero al fin y al cabo, aquél era un proceso mucho más natural que cuando conocías a gente en una noche de fiesta. Y mucho más real. Porque esa gente que te leía a no sé cuántos kilómetros de distancia te conocía mucho más que muchos de tus supuestos amigos 'reales'. Empecé el blog de manera anónima precisamente como autoterapia, para expulsar fantasmas y demonios sin caretas, represiones ni inhibiciones. Y resultó que la gente lo comentaba, y te daba sus impresiones, y te hacía reflexionar sobre esto o aquello. Y era realmente interesante verte en sus ojos sin prejuicios previos que estuvieran condicionados por los roles que nos asignamos inconscientemente en nuestra vida cotidiana. Era una mirada mucho más pura y genuína, y estoy convencido que hoy no sería quien soy sin toda esta vida virtual, que curiosamente era mucho más real y auténtica que el 90% de relaciones de carne y hueso.

Y supongo que si añoro todo aquello es porque mi vida de carne y hueso sigue teniendo muchos agujeros. Pasan los años, y va pasando gente por tu vida, y relaciones que se hacen y deshacen con menos consistencia que las nubes en el cielo. Miro a mi alrededor y sólo veo a gente perdida, inconsistente, vaporosa. Yo debo ser igual. O quizás no encuento a quién demostrarle que no. Y si me aferro tanto a la música es porque no confío en la gente y no siento especial apego por los animales. Sin duda la música es la forma más perfecta e infalible de belleza. La que lo hace todo más soportable. Y la que te regala todas las emociones que te niegan los humanos y que tanto necesitas.



3 comentaris:

Ses ha dit...

Yo también soy de esos inicios y tengo que decir que todavía me comunico con algunos de ellos, formamos una gran comunidad. De hecho, aunque suene extraño, me escribo cartas con una chica que conocí en esa época: es curioso que de algo que nació en la red nos pasáramos al papel.
Ahora que has mencionado el Primavera Sound, ayer me moría por ir al Cruïlla, pero se ha puesto carísimo y mi economía está en retroceso (no sé por qué me has hecho pensar en ello).

dEsoRdeN ha dit...

Sí, yo también sigo en contacto con gente de aquellos inicios, y justo este fin de semana he estado con gente a la que también conocí por aquí. Aunque no en el Cruïlla, sino en el Vida... ;)

Pio ha dit...

Yo también añoro esa época, era libre. No sé porque todos hemos dejándola poco a poco.

Tengo un gran cariño a la gente que he conocido por aquí, me parecen mucho más especial, más sinceros. Sigo manteniéndolos y hablando mucho más que con la gente de mi entorno.

Ya sabes que es mi camello musical por excelencia ;).

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