dimecres, 8 de maig de 2019

pERo nO Lo eS




Estos días reflexiono bastante sobre la maldad humana. Todo por haberme cruzado con una persona deleznable que ha intentado cargarse el proyecto en el que llevo trabajando 3 años, por envidias, mediocridad y cero capacidad autocrítica. Tras unos primeros días de shock incrédulo, impotencia y muchísima rabia, poco a poco he ido rebajando la ira y me he ido edulcorando, quizás por una voluntad inconsciente de alejarme al máximo del comportamiento mezquino de la susodicha. Algo dentro de mi no deja de decirme que no debo dejar que salga impune de todo esto y que debe pagar por ello. Y otra parte trata de hacerme ver que la mejor victoria será recuperar el máximo de cosas, seguir adelante con más ganas que nunca y pasar de entrar en su juego sucio. Me cuesta decantarme por qué solución seguir. Admito que me encantaría verla hundida en la miseria. Es un deseo real, firme y visceral. Y no es por venganza, sino por justicia. Un comportamiento miserable debería tener consecuencias funestas para la persona en cuestión. El karma debería existir. Y a la vez también me parece que ignorarla sería el mejor desprecio. ¿Es lícito desear el mal a alguien que te ha atacado de manera gratuita e injustificada y no ha mostrado ningún respeto por el cuantioso trabajo ajeno? (inversamente proporcional al que ella no hacía). Cuanto menos, humano sí que es. Siento rabia. Muchísima rabia. Y a la vez me siento contento de no ser como este tipo de personas, y estos días me ha salido la cara más amable con los demás. A lo mejor por aquello de proyectar en los demás el trato que te gustaría recibir.

Este 2019 está siendo un año realmente complicado para mi a muchos niveles. Un año de mierda. Supongo que por eso tengo cero ganas de celebrar el cumpleaños. Y si reflexiono, y mira que soy autocrítico y exigente conmigo mismo, lo cierto es que todo lo malo me lo están provocando otras personas. En un caso, por decepción (enorme) e incomprensión. Y en este otro, por maldad extrema. Sé que no debería permitir que todo esto me afecte, pero me pasa. Cada vez soy más escéptico y misántropo, y tengo cierto miedo de que me acabe convirtiendo en alguien amargo. Siempre me he considerado optimista, alegre, irónico... en muchos aspectos no puedo quejarme para nada de mi vida, pero en otros tendría muchas razones. Y tengo la sensación de que llevo tiempo soportando cargas emocionales bastante bestias que algún día acabarán saliendo por algún lado. Se me han acentuado el cinismo y la mala leche. Y la rabia. Siempre ha estado ahí, y no se va nunca. En parte siempre celebro tenerla, porque es motor inconformista que te exige y te lleva a querer más y mejor. Pero también agota no sentir nunca un equilibrio y una armonía con la vida. Es un conflicto eterno. Y el cerebro va a mil, y los demás no. Y eso te enciende aún más. Y es como un bucle de insatisfacción constante. Ojalá fuera más fácil vivir aquí dentro. Pero no lo es.




3 comentaris:

Laura ha dit...

No me gusta leerte así, te mando un abrazo regenerador y manda a cierto sitio a la susodicha... No merece mucho más!.
Besos

Paola Vaggio ha dit...

Lo mismo digo!

dEsoRdeN ha dit...

Gràcies, maques!
Petons