dilluns, 19 de març de 2018

sO MaNy FiSh iN thE SeA




Esta última semana hice varias compras para mi casa. Me suele pasar cuando llega la primavera y el buen tiempo que me da por comprar plantas, cambiar la cortina del balcón o lo que haya que cambiar, pensar en comprar una mesa, sillas y un armario para la terraza... este año quiero sacarle más partido a la azotea. Esta última semana he subido un par de días a leer y tomar el sol, y también puse cuerdas para poder improvisar un toldo y organizar alguna comida entre semana con la gente del curro. Mañana me vendrán a mirar la ventana de mi habitación para ver las opciones para mejorar el aislamiento acústico (básicamente, quiero dejar de escuchar al subnormal del vecino de los bajos que tiene problemas respiratorios y me despierta cada mañana al salir a fumar al patio y ponerse a toser escandalosamente como un perro sarnoso -sí, es tan mongolo que estando como está, fuma). Supongo que le veré el martes en la apasionante reunión de vecinos, y le volveré a decir por tercera vez que utilice el cerebro para darse cuenta de que no vive solo. Odio el egoísmo de la gente. De hecho, odio a mucha, mucha gente.

Estos días también he hablado con alguno de los raperos condenados a prisión por las letras de sus canciones (Españistán, 2018. Surrealismo es poco...). Fui a ver la exposición del fotógrafo Terry O'Neill en la Filmoteca, y también al concierto de Lee Ranaldo en diSoRdErLand. El viernes cené con La Chica Con Pelo De Chico, y la velada fue francamente genial. Tuvimos una charla pendiente y necesaria, y volví a sentir esa chispa y esa conexión que me hizo perder la cabeza por ella, pero esta vez sin perderla. Desde una serenidad inédita y disfrutable. Incluso cuando me explicó que había tenido una aventura con un riojano, y que le había venido a ver, y que estaba muy a gusto con él, aunque era una historia realmente complicada por la distancia y los dos hijos que lleva él en la mochila. No sé qué narices pasará en un futuro cercano o lejano, pero me sentí contento de estar recuperando el contacto y la proximidad con ella, y esas charlas inacabables que van desde el último concierto a nuestras experiencias y modus operandi con el sexo oral.

Al volver hacia casa me crucé en el metro con un amigo de R-Ojos-Claros y le escribí para decírselo. Estaba tomando algo con una amiga a 5 minutos y me dijo de unirme. Me sentía tan bien y tan vivo que para allí que me fui (poco me cuesta liarme la manta a la cabeza, es verdad...). Su amiga se fue a dormir, y nos fuimos ella y yo a hacer una copa. Sin darnos cuenta, se nos hicieron las 3h y el local cerraba, así que o acabábamos la noche allí, o seguíamos para bingo. No hace falta decir cuál fue la opción elegida, por mucho que trabajara 11 horas al día siguiente. Acabamos en mi adorado Sidecar hasta casi las 6h, entre conversaciones en que me pareció que me dejaba ir alguna chinita diciéndome que sabía que la prefería a ella que a Stones Song, quien llegaba al día siguiente de Londres para pasar unos días. A veces tengo la sensación de que, por mucho que me asegurase que no semanas atrás, ella querría que yo la mirase como algo más que una buena amiga. Yo a veces también dudo en cómo mirarla, pero lo cierto es que este fin de semana quería centrarme en la escapada de Stones Song, y verla por primera vez desde nuestro primer encuentro amoroso.

Llegó ayer sábado, pero yo estaba tan absolutamente destrozado tras la noche anterior y las 11 horas de curro que no tuve fuerzas para salir. Tras dormir 10 horas y trabajar otras 11, al salir esta noche le he dicho de quedar, pero hoy era ella la que estaba durmiéndose en el sofá. Tras una conversación de whatsapp que ha sido como un partido de tenis de risas e indirectas, no he logrado convencerla. Me ha dicho de ir a verla a Londres, y también de reservarse una noche para mi la próxima vez que venga, pero dudo de que nos veamos antes de que se vuelva para allí este martes. La verdad es que me apetecía bastante y le he insistido, pero tampoco quiero hacerme pesado, y menos si no pone un poco de su parte para vernos.

Y este miércoles nos veremos con La Chica Del Pelo Imaginario, que vendrá a grabarnos. En principio deberíamos hacer una cerveza posterior, pero a veces tiene días tan secos que se me quitan las ganas. Creo que le pasa como a mi, que no sabe disimular sus días malos o sus frustraciones, y acaba salpicando a los que están a su alrededor. Pero también me temo que, por mucho que quiera olvidarme de ella porque sé que no va a hacer nada por destrozar el muro que ha construido, me va a costar mucho. Verla al menos 3 veces por semana es una dificultad añadida. Y si se corta el pelo y brilla con luz propia como lo hace ella, es todavía más difícil. Es algo irracional y me resulta muy difícil de controlar. Como me decía el viernes La Chica Con Pelo De Chico, siento una necesidad (y yo añadiría una urgencia histórica) de sentirme querido. Y esa realidad innegable unida a mi impaciencia natural acaban jugando en mi contra. El pez que se muerde la cola...



*Muy diferentes entre sí, pero son dos temazos...


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