dimarts, 23 de febrer de 2016

nÓdULoS




Tengo arreones de hiperenergía, y frenazos de realidad. De esos que dejan la marca del alma en el asfalto y la desgastan un poco. Imaginar es peligroso por doble razón: porqué puedes llegar a ver la manera de escapar de una realidad que no te gusta por mucho que disimules (y por tanto, que no tengas más excusas para retardar la acción, como quien va dejando los deberes para última hora). Y porqué la realidad nunca va a cumplir tus expectativas, y por consiguiente, va a ser frustrante. Pero, aún así, yo no podría vivir sin imaginar. Desde un mundo sin mongolos incívicos, a un mundo con mujeres de las que valiera la pena enamorarme, y encima pensaran lo mismo de mi. Cualquier utopía me vale, puestos a fantasear, y por mucho que odie las utopías. Casi tanto como el tabaco, fuente de muerte y desgracias. Me resisto a creer según qué cosas, porqué aún tengo la sensación de niño de que si deseas una cosa muy fuerte, acaba pasando; o viceversa. Y sigo pensando en lo poco que valoramos la normalidad cuando la tenemos; de la misma manera que a esas personas valiosas pero discretas que todos tenemos alrededor, y a las que no apreciamos lo suficiente hasta que ya no están. Somos unos mierdas insensibles y desagradecidos, por mucho selfie de mierda que colguemos en Facebook, Twitter o Instagram...



2 comentaris:

hiro ha dit...

Sense imaginació ni música aquest món seria irrespirable.
Els humans som tan ximples que no valorem les coses i les persones fins que les perdem.

dEsoRdeN ha dit...

D'acord i d'acord; res més a afegir... :)