dissabte, 1 de novembre de 2014

Lo hAgO tOdO pOR eL ViCio




Hace un día extraño, y es perfecto para este día. Es extraño que esté en casa en sábado sin tener que trabajar. Es extraño poder salir un viernes noche. Es extraño volver a horas en las que ya estaría despierto, empezando el día siguiente. Y es extraño que en la casa reine el silencio porqué es lo que me pide el cuerpo, como si quisiera hacer huelga de bandas sonoras. ¿Te imaginas despertar un día y que toda la música haya desaparecido? - pregunta un muro de Sheffield. Yo me desvanezco. La vida, en general, es extraña, y la mía también me lo parece. O quizás el extraño sea yo, o todos los demás. Desde la pantera a la Uma rubia que me pregunta de qué voy disfrazado. También su amiga desenfadada que hace como que besa a todos con la máscara de Scream puesta. La chica Picachu que en la cola dice enamorarse de mi cuando le digo que me llamo Picasso. O la madrileña que me pregunta cómo me llamo y con la que nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida. Quizás unos minutos puedan contar como toda una vida si son lo suficientemente intensos. A la vida le sobra gris y le faltan colores chillones. Le sobran compromisos y le faltan canciones. Le sobran todas esas cosas que desaparecen cuando suena la música una noche cualquiera en cualquier lugar del planeta. Todos nos refugiamos del mundo exterior como podemos, y nuestra existencia parece cubrirse con una burbuja que nos protege de todos nuestros pequeños grandes problemas y dramas de cartón piedra. Me encanta esa nebulosa de ruido-silencio en la que todo lo que te dicen parece amortiguado por colchones invisibles y memoria gruyere. Ese caos de vidas aceleradas y de seres que desean sentirse especiales y escapar de sí mismos. Esas palabras que caen al vacío como movidas por fuerzas internas que tú no puedes controlar. Y todo ese deseo concentrado entre 4 paredes que sudan y gente que se besa, muchos por primera vez. Y que suenen Los Punsetes cuando menos te lo esperas. O la fugacidad de seres y caras con las que compartirás momentos durante minutos o unas horas y luego se irán para no volver jamás. El momento en que se enciende la luz suele ser el peor, porqué quisieras que no acabara nunca. Te sientes como si te echaran de un pequeño paraíso artificial y te devolvieran de una patada al mundo real. A ese mundo en el que nadie quiere vivir. El mundo de las soledades, las desilusiones, las obligaciones absurdas o el de dedicarle tu tiempo a gente que no se merece tu tiempo. El de las llamadas que dan pereza. El de los horarios y el de los madrugones. El de dejarte la vista delante de pantallas insalubres. Y el de las mediocridades y las incompetencias. El camino de vuelta da para trucos de magia increíbles, vértigos helados ante un bolsillo vacío, noches derramadas en un parque, o una lolita francesa muy pasada cantándome 'I'd Rather Go Blind' en un banco mientras sus dos amigas estiradas en el banco de al lado ríen de ebriedad o algo más. Gente desecha saliendo de un after, y piernas quilométricas meando entre dos macetas. Repeticiones de patrones absurdos para engañarte a ti mismo y a tus carencias. Encuentros con compañeros de profesión que se van a trabajar. O últimos disfraces de esa extraña neotradición que poco o nada tiene que ver con nosotros. Una noche extraña, porqué es lo que tocaba...


PD: Cuando tengáis que poner una lavadora, aseguraos de estar lo suficientemente despiertos para comprobar con calma todos los bolsillos del pantalón...


2 comentaris:

hiro ha dit...

Veig que la teva Castaween va ser intensa ;)
Quan la música s'acaba i s'encenen les llums és dramàtic i trist. És com una bufa que et retorna a la realitat.

Pd: jajaja rentar bitllets accidentalment i estendre'ls: un clàssic.

dEsoRdeN ha dit...

sí, sí, jeje :P Moment de bajón total!

PD: I et sents una mica Tío Gilito quan els penges allà a l'estenedor, eh...? ;D