dimarts, 24 de març de 2015

UtOPíA MueRTa




Las utopías siempre me han dado cierta rabia, porqué son muy mentirosas. Te hacen creer cosas maravillosas que al final nunca se cumplen, o te ponen la miel en los labios para pegarte la puñalada cuando bajas las defensas. Sean del tipo que sean, las tolero como meta ideal a la que acercarte todo lo que puedas, pero siempre y cuando no cometas nunca la torpeza ingenua de creértelas. Ese fue el pecado de unos cuantos estúpidos, entre los que me incluyo. En la última década, repetíamos una y otra vez que disfrutásemos de todo aquello que estábamos viviendo en repetidas e incontables exhibiciones majestuosas de esplendor en la hierba, porqué un día u otro se acabaría. Era nuestro escudo para no hacernos daño. Nuestro airbag para soportar mejor el hostión de realidad cuando llegara. Nos estábamos poniendo la tirita antes de hacernos la herida. Pero aquel orgasmo artístico pintado con los pies se iba alargando en el tiempo, bajo distintos directores, y con toda una serie de actores en común a los que se iban añadiendo otros de secundarios, pero igualmente importantes. Y parecía que con el paso del tiempo, todo se iba haciendo más perfecto, más excelso, más eterno. Y, claro, inconscientemente bajamos la guardia y cometimos el error de creernos que aquello se había instaurado con unos cimientos tan sólidos que sería imperecedero e inquebrantable. Como el cretino que se enamora y se acaba creyendo que será para siempre. Nos acostumbramos tanto a la excelencia que la convertimos en rutina, y casi ni valorábamos lo que teníamos ante nuestros ojos. Era lo normal, no podía ser de otra forma. Debimos hacer campana el día que el profe explicaba a Heráclito, y acabamos por aplastarnos los dedos con ese libro ignorado con soberbia porqué creíamos que ya nos sabíamos la lección con los ojos cerrados...

Anoche, tuve la alegría de que el Equipo del Mal cayó derrotado, pero yo me sentí triste y vacío. Me di cuenta que el escepticismo y el desafecto que siento hace mucho tiempo por los culpables de la utopía se había convertido ya en absoluto desamor y frigidez extrema. Me dejan absolutamente frío. No hay emoción, no hay excitación, no hay sentimiento, no hay empatía, no hay identificación... no me representan. No son mi YO convertido en equipo de fútbol. Se acabó la valentía, se acabó imponer tu personalidad, se acabó el sometimiento, se acabó la nobleza, se acabó la estética, se acabó la ética, se acabó el respeto, se acabó el arte. Ahora vuelve la mediocridad, la cobardía, que corra el jugador y no el balón, esperar agazapado para salir a la contra como un vulgar equipo sin talento, tirar los dados y a ver qué sale, apelar a la raza y no al talento, reírles las gracias y las vestimentas extravagantes a cretinos millonarios vanidosos, o el adorar a un racista que va por ahí mordiendo rivales. Mientras meta goles, se mira hacia otro lado, se barre y se tapa su mierda debajo de la alfombra, y aquí no pasa nada. Todo vale por un resultado. Los famosos 'valors' pisoteados y mancillados sin escrúpulos. La increíble incoherencia de elogiar todo lo que era vorazmente atacado hasta hace 4 días si lo hacía el bocazas portugués cuando comandaba el Equipo del Mal. Girar la tortilla y que lo que importe sea el QUÉ y no el CÓMO. Me cago y me meo en esa visión de las cosas...

...y me entristece ver que la gran mayoría se apunta al cambio sin ningún tipo de escrúpulos. Llegué a creerme que Pep había conseguido cambiar la mentalidad histórica de este club, y que nos había convertido a todos en inconformistas románticos que no renunciaríamos nunca a un estilo, un espíritu y una personalidad. Llegué a creerme que eso sería sólo un primer paso desde el que cambiar la mentalidad en otros ámbitos de la vida: social, político, personal...  porqué ese equipo para mi representaba un espejo y una metáfora vital brutales. Lo sé, soy un puto ingenuo crédulo. Y encima teníamos la perfecta antítesis en el Equipo del Mal, que nos reafirmaba todavía más, porqué ellos eran todo lo que nunca querríamos ser: soberbia, violencia, excusas, mentiras, falta de autocrítica, mal perder... y resultadismo extremo. Anoche, sobre el campo, en esa fase del partido en que ellos tocaban y nos tenían encerrados, y nos perdonaron la vida una y otra vez, y nosotros nos limitamos a jugar al balonazo largo, me pareció que los de blanco éramos nosotros, y los de blaugrana, ellos. Ojalá hubiera sido así, aunque hubiéramos perdido. Ojalá no ganemos nada este año, y no cometamos el error de dar definitivamente por bueno este disfraz barato a precio de oro...

Afortunadamente, ya hace tiempo que encontré un nuevo amor. Uno que siempre había estado allí, pero al que sólo hacía caso desde la distancia, deslumbrado como estaba por la vedette escandalosa y engreída. Uno mucho más humilde, pero más próximo y humano. Uno que me ha vuelto a hacer sentir emociones y sufrimientos. Que me ha devuelto la humildad del miedo a perder lo que tienes. Que me ha reconciliado con este juego, y con mi papel en él. Que me ha hecho ilusionarme otra vez por las pequeñas cosas, las pequeñas metas, y la grandeza de conseguir objetivos cuando eres mucho más modesto. Esta semana, sin ir más lejos, estamos viviendo sensaciones brutales, con la opción de rememorar antiguos tiempos de gloria de hace un par de décadas, si volvemos a repetir la doble gesta. Toda una utopía, y ya me la estoy volviendo a creer...



dimecres, 18 de març de 2015

LiStOs pARa eL dEsPeguE




Comandante a torre de control; comandante a torre de control. Solicito permiso para despegar. Tripulación de cabina, desarmen rampas y crochet. Les saluda el comandante dEsoRdeN. La temperatura exterior es de 20 grados, y hace sol y un cielo azul y claro. Les agradecemos que hayan confiado en nosotros para realizar este vuelo, con destino a tomar por culo. Da igual dónde, mientras sea bien lejos del infierno de estas dos últimas semanas. En el asiento delantero disponen de la revista de vuelo, instrucciones de inseguridad, y un amplio catálogo de comida de plástico y cosas estúpidas que no necesitan, a precios de oro. Si tienen cualquier problema, resuélvanlo ustedes mismos y no toquen las narices con el botoncito de aviso a la azafata. Relájense y disfruten del viaje. Ahora mismo procederemos a realizar el protocolo de seguridad donde exponemos a nuestros trabajadores al más absoluto de los ridículos con todas esas maniobras que todos nos sabemos de memoria y a las que no prestamos la más mínima atención. Que si el salvavidas situado bajo el asiento; que si no lo inflemos dentro del avión; que si nos pongamos primero nuestra máscara de oxígeno y luego ya se las pondremos a los renacuajos que nos acompañen; que si en caso de tirar del cordel y no hincharse, procedamos a soplar por el tubito... pero lo más importante de todo: sea cual sea su destino, y acabe como acabe este viaje, si lo que de verdad quieren ustedes es salvarse, agárrense al salvavidas en forma de vinilo, CD o mp3 más adecuado para cada momento...


dimarts, 10 de març de 2015

hURt




Una semana en la cama me ha dejado sin energía. Vivo flotando y en super slow-motion, supongo que todavía por la cantidad de mierda química que llevo en el cuerpo, batallando con los últimos regimientos de virus que se resisten a desocupar mi organismo. Las molestias de visión en mi ojo izquierdo se han incrementado estos días, y me tienen francamente preocupado, por mucho que las 3 veces que he ido a mirármelo me han dicho que el ojo está perfectamente sano (y qué cojones me pasa, entonces?). Mi musculatura está semiatrofiada de tanta inactividad. Y me siento tremendamente cansado, física y anímicamente. Vuelvo a sentir ese cíclico sentimiento de echar en falta la normalidad. Cuando no es una cosa, es otra, pero siempre he tenido la sensación de tener que capear con más dificultades que la gente 'normal', en cuanto a temas de salud. No en cosas de extrema gravedad, es verdad, pero sí montones de cotidianidades que generan disciplinas y molestias múltiples. Alergias, ultra-sensibilidad térmica y de humedades, vista, deshidrataciones o quemaduras de piel al mínimo descuido, mareos o náuseas... que una gripe me deje una semana fuera de combate y haya quien se recupere en un par de días; la maldita lesión estúpida que me tiene sin fútbol desde hace ya 2 años. Una sensación de fragilidad y deficiencias que genera inseguridades y ultra-protecciones. Envidio la despreocupación de los demás. Y la fortaleza. Y echo de menos etapas pasadas sin taras físicas ni estropicios del tiempo. Normalmente, al salir de un proceso gripal, uno tiene ganas de recuperar la normalidad. Y sí, en el fondo tengo esas ganas, pero en la superficie me siento negativo, sin fuerzas. Me provoca mucha frustración ver que no puedo, cuando había empezado 2015 animado y con empuje; que no sé qué narices me pasa, pero no soy yo. Algo me ha anulado por dentro, y me ha robado la fuerza. Suelo ser una persona de muchísima energía, y cuando me quedo sin, me quedo totalmente down, sin ganas de nada. Me molesta que la gente me envíe mensajes. Quiero que me dejen en paz. No tener contacto con el mundo exterior. Hacer vida interna, pausada, autista. Me crispa la música alegre, o los anuncios estúpidos. Estoy de mala leche, por pura impotencia. Sólo quiero dormitar (porqué tengo realmente mucho sueño constantemente), y escuchar música lenta u oscura. Y sentirla en toda su grandeza. Sólo estoy un poco negativo y eso también es parte de mi, eso es todo...