Esta noche he salido al balcón a escribir. Las paredes de mi casa me oprimían, y la verdad es que habría sido una lástima desaprovechar la fresca y la tremenda calma de esta preciosa noche de luna llena (o casi). El puntito etílico y la oscuridad de la noche me dan esa lucidez que me hace falta, tras un día muy extraño. De aquellos días de centrifugar sin parar la lavadora del ático. Es curiosa la increíble habilidad que tenemos los seres humanos para hacernos daño, incluso sin querer. Y normalmente, hacemos daño a los que más nos queremos, o a los que nos son más próximos. Nuestras torpezas son dignas de estudio científico. Como la incapacidad para comunicarnos, o expresar libremente y sin tapujos lo que sentimos en cada momento. Supongo que la culpa es de la mediocre educación que nos dan, y de la escasa inteligencia emocional que nos proporcionan. No sé si es que no interesa, o que nos da miedo, o qué carajo pasa, pero somos realmente incapaces en este terreno. Y yo el primero.
Otro tema es mi capacidad de retozar en mi propia mierda. Y de ponerle canciones tristes a esos momentos ya de por sí tristes. Necesito intensidad máxima incluso a la hora de afrontar mis derrotas. Supongo que a eso se le puede llamar masoquismo. O quizás sea una manera como cualquier otra de sentirme vivo, aunque sea en la cara amarga. La eterna huída de la mediocridad generalizada, aunque sea a costa de autolesionarse en una espiral de autodestrucción un tanto absurda. Hay gente que lucha por sobrevivir como sea, y otros que nos empeñamos ante todo en ser nosotros mismos en cualquier situación. Aunque dé pie a malos entendidos que queman como el más poderoso de los aguardientes. Y el escozor dura hasta que unas palabras alivian el quemazón. Otra cicatriz para la colección y seguimos para bingo. Nada nuevo bajo el sol, y sentirse un poquito más fuerte para afrontar futuras heridas. Que las habrá, viendo el desafortunado historial en este campo. Pero siempre nos quedará un Colega Malafolla para darle una patada a la realidad, y canciones que a esta hora de la noche me parecen sublimes...




