Lo importante está en el interior. Algunos piensan que este topicazo se refiere al bolsillo, o a lo que hay debajo de la ropa, pero eso es porqué no son capaces de ver más allá de la superficie (o de las grandes superficies; ambas cosas suelen ir de la mano en este tipo de elementos). Hay incluso quien lo toma como una metáfora, pero dejaos de almas, espíritus y espectros, e id todavía más allá. Lo importante está en el interior, literalmente. Porqué si lo de dentro no funciona, todo lo demás es mierda. No sirve para nada. No tiene sentido.
El otro día, por primera vez en mi vida, le enseñé todo lo de dentro a una doctora rubia muy guapa, como nunca antes lo había hecho. No sé si ella se percató de que para mi eso era un momento muy íntimo. Abrirle el corazón a alguien es muy fácil, pero enseñarle tus entrañas, músculos, huesos... a alguien... aahhhh! Dudo de que pueda haber una declaración de amor mayor que esa. Es como decirle a la doctora: "Toma: todo esto soy yo, y eres la primera que me ve tal cual: sin ropa, ni piel, ni carne, ni pelos... te regalo esta visión; haz con ella lo que creas más conveniente". Romanticismo tecnológico del siglo XXI.
Cuando ves que te van a meter por ese tubo estrecho, da un poco de cosilla. Te sientes un poco cobaya, indefenso, frágil... "¿qué me van a hacer?" -te dice la vocecilla, mientras te sientes un poco James Bond a punto de ser atacado por el mortífero rayo que te va a hacer picadillo como si fueras un queso de bola condenado a acabar tu vida de queso de bola en pequeñas porciones perfectamente cortadas. Por suerte, no soy claustrofóbico, como me pregunta la doctora, que se ha transformado en la mala sexy que primero te seduce, antes de hacerte víctima de su verdadera naturaleza sádica: "será una prueba algo larga; de unos... 25 minutos". 25 minutos allí metido???? La leche, y yo que pensaba que esto sería como una radiografía, cosa de 5 minutos y listo.
Cuando te advierte que la prueba es algo ruidosa y te coloca unos auriculares como de obra, ya te lo esperas todo. La perola que te da para que la aprietes si hay algún problema es como una especie de salvoconducto; como el "casa!" que gritábamos todos cuando jugábamos al pilla-pilla (curioso: de pequeño jugábamos a pillar, y de mayores... seguimos queriendo el mismo verbo y juego, con suerte diversa). Pero ahí estás, totalmente estirado en horizontal, con la expresa prohibición de moverte (que, por supuesto, te provoca unas ganas terribles de moverte espasmódicamente como si tuvieras el baile de San Vito), con una placa que te aprieta el estómago ("debería haber comido un poco antes. A ver si me van a entrar ganas de descomer aquí, y la liamos..."), y adentrándote lentamente por ese extraño tubo estrecho, ruidoso y con lucecillas... si esto fuera una serie de TV de los 50, ahora aparecería el cartelito de 'To Be Continued...', para lamento del público que tendría que esperarse una semana a que echen (porqué las series de TV las 'echan', de toda la vida) el próximo capítulo que resuelva el misterio: logrará salvarse nuestro pobre protagonista de las malvadas garras de la doctora sexy...?
(Bueno, va. Iba a ser un cabrón y dejar aquí el relato, pero lo acabaré, que todavía no tengo sueño)
En el capítulo anterior, nuestro protagonista se encontraba adentrándose lentamente por ese extraño tubo estrecho, ruidoso y con lucecillas, totalmente estirado en horizontal, con la expresa prohibición de moverse, y con una placa que le apretaba el estómago. En ese momento, no puede evitar cantar mentalmente '
Space Oddity', lo que inmediatamente le remite a cantar mentalmente y de manera entrelazada '
Odisea Espacial', y también
la versión italiana del clásico de Bowie (y es que el dESoRdeN de nuestro protagonista le permite tener un amplio abanico musical no apto para mentes frígidas). Los pies ya alcanzan el tubo; y luego las rodillas; y la cintura... y pierde la visión periférica, ahora limitada por las paredes del tubo de colores amarillento-fosforito-luminosos, y se imagina en el cohete que está a punto de ser lanzado al espacio (explotará, o no explotará?), ante la atenta mirada de millones de telespectadores. "Y yo sin poder rascarme los...",
que dirían aquellos.
La vocecilla amortiguada de la malvada doctora sexy no sé de donde sale, pero me advierte que la prueba está a punto de empezar. Un ruido por aquí, otro ruido por allá... y empieza la fiesta: desgraciadamente, no suena
esta canción, ni
esta otra, ni tampoco
esta de más allí, sino algo así como una discoteca chunga poligonera de bacalas en pleno viaje de polvos Talco. Yo paso de eso, pero... aquí dónde sirven los cubatas?
Al cabo de un rato de ruidos, la situación ya es tan hipnótica que casi me está entrando el sueñecico post-comida. En serio, se me cierran los ojos, y el hecho de haber salido dos noches seguidas tampoco ayuda mucho a mantenerme despierto. Aunque me da algo de miedo dormirme y que me de por moverme sin darme cuenta, que yo soy mucho de ir a un lado y a otro cuando estoy en la cama (durmiendo también). Tampoco querría enfadar a la doctora sexy y que tuviéramos nuestra primera discusión en mitad de ese momento tan íntimo. No soy mucho de relaciones duraderas, pero menos de 25 minutos me parecería quizás, incluso a mi, una falta de compromiso un tanto excesiva. Aunque la verdad es que ahí adentro, como en el amor, uno pierde la noción del tiempo, y casi sin darte cuenta, oyes la voz de la doctora sexy que te dice que la prueba se ha acabado. Vamos, el "tenemos que hablar" de toda la vida...
Algo apenado, porqué hasta casi le habías pillado el gustillo a la aventura, sales del tubo, bajas las escaleras, y te despides de tu amor de media tarde. Te equivocas de box y pillas a una señora medio en bolas, te disculpas, y piensas que a lo mejor la señora que te había pillado a ti medio en bolas antes de entrar no lo había hecho invadida por un enorme deseo carnal hacia ti, sino que también se había equivocado. Están todos así alineados, uno al lado del otro, y cuando sales de 25 minutos en horizontal, inmóvil y con un ruido infernal, seguramente no estás como para acordarte de donde narices habías dejado tu ropa. Te vas, pero volverás al cabo de pocos días, porqué uno siempre vuelve al lugar del crimen. Y a la espera de lo que me diga el traumatólogo, en el informe parece que dice que todo está bien. Y aunque eso a priori sea bueno y tranquilizador, mi pregunta es: "entonces por qué narices me sigue doliendo la maldita pierna?"
(héroes que hayáis llegado hasta aquí abajo, os merecéis un buen premio. Disfruten de estos tres cuartos de hora largamente esperados por muchos...)